La última tarde de Zapata en Chinameca |
La Capital Los Municipios El Istmo La Costa La Cuenca Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Ciencia y Salud Tecnología En la web Policiaca Cartones

Nacional

La última tarde de Zapata en Chinameca

Un día como hoy, pero de 1919, en la hacienda de Chinameca del estado de Morelos, Jesús Guajardo esperaba con ansias a Emiliano Zapata para cumplir con la misión de asesinarlo

La última tarde de Zapata en Chinameca | El Imparcial de Oaxaca

El Caudillo del Sur, quien fue fungió como líder militar de diferentes rebeliones y guerrillas campesinas en la época de revolución en México, ese fue Emiliano Zapata. Sí, son tiempos de Revolución Mexicana, tiempos despiadados de enemistad y traición. “La tierra es de quien la trabaja” decía el aguerrido defensor de aquellos territorios que fueron arrebatados por el gobierno injustamente a los pobladores de su natal Morelos. Con esta bandera navegó hasta aquella última tarde en Chinameca.

La última tarde de Zapata

Era una realidad que Zapata tenía una colección importante diferencias y enemistades. Desde 1911 con Francisco I. Madero, hasta 1919 con Venustiano Carranza. Las luchas de Emiliano siempre fueron una piedra en el zapato tanto para enemigos como para compañeros. Para los tiempos de Carranza en la presidencia, el caudillo era un tipo que incomodaba de más. Deshacerse de él fue lo determinado. Acciones fáciles por parte del gobierno para los “estorbos”.

Jesús Guajardo fue el elegido para la misión, por cierto, nada fácil; Zapata era un tipo desconfiado e inteligente, razón por la cual Guajardo decidió abordarlo meticulosamente. Con mentiras, se pronunció ante Zapata como un inconforme más del gobierno y sus formas, buscando ser aceptado como un aliado.

Por supuesto, Zapata no creyó esto de primera intención, por lo cual le pidió que le demostrase su valía fusilando a más de 50 federales. Guajardo lo hizo; al menos un poco de la confianza del general, si se echó al bolsillo. La suficiente confianza como para convencerlo de asistir a un banquete en la hacienda de Chinameca, para discutir estrategias militares y presentarle más hombres aliados al movimiento zapatista.

Un domingo de 1919, para ser exactos un 10 de abril, en Morelos, en la hacienda de Chinameca, Jesús Guajardo esperaba con ansias a Zapata. Alrededor de las 2:00 de la tarde, Zapata montó su caballo y se acercó al lugar de la reunión. Desconfió un poco, sin embargo, acompañado de sus hombres, decidió entrar a la hacienda. Una banda de guerra lo esperaba a la entrada.

La llamada de honor para recibir a Zapata fue tocada por la banda de guerra, una, dos y tres veces. A la tercera llamada, la masacre en contra de Emiliano Zapata y sus hombres dio inicio. Al percatarse de la traición, Zapata quiso reaccionar con pistola en mano, sin embargo, de poco sirvió. Siete disparos a quemarropa lo arrollaron; en sus últimos momentos de vida, Zapata intentó darse la vuelta, pero fue arrojado por su caballo al suelo.

Murieron con él gran parte de sus acompañantes. Generales, militares y su escolta, los sobrevivientes emprendieron la huida. Una tropa de Guajardo los perseguía con toda la intención de no dejar un solo zapatista en el lugar. Algunos no lograron salvar su vida, la mayoría. Los pocos que resistieron los ataques, lograron regresar a los campamentos militares para contar lo sucedido.

“Zapata vive”

Después de la traición, lo sucedido llegó a oídos de las tropas de Zapata, sin embargo, muchos no creyeron la historia, afirmando que Zapata había logrado huir de la trampa de Guajardo, y que por ahí seguía cabalgando, vivo vivo; de aquí nace la popular frase: “Zapata vive”.

Guajardo cumplió con la misión encomendada por Venustiano Carranza, la difícil misión de acabar con el Caudillo del Sur. A cambio de esto, fue ascendido a General de división, además de recibir una jugosa recompensa económica; 50 mil pesos en monedas de plata.

Al día de hoy, Zapata sigue siendo uno de los personajes más respetados de la Revolución Mexicana. Un símbolo histórico de la defensa de aquellos que con trabajo y sudor regaron las tierras que siempre buscó recuperar. Los movimientos de reivindicación campesina que llevó a cabo, influenciaron a muchas organizaciones, incluso en aquellos lugares que nunca en vida visitó. El movimiento zapatista de Chiapas es un claro ejemplo.