Marina torturó y vinculó a joven con Los Zetas por tener tatuaje: CNDH
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Marina torturó y vinculó a joven con Los Zetas por tener tatuaje: CNDH

Carlos tenía 19 años cuando fue detenido ilegalmente por marinos que lo presentaron ante los medios como uno de los escoltas del Z-50.

Marina torturó y vinculó a joven con Los Zetas por tener tatuaje: CNDH | El Imparcial de Oaxaca

En septiembre de 2012, Carlos tenía 19 años y era estudiante en su ciudad, San Luis Potosí, pero fue presentado por la Secretaría de Marina como uno de los escoltas del narcotraficante Iván Velázquez Caballero, alias el Z-50, cuando éste fue capturado.

La versión oficial de la Marina señala que cuando se encontró el domicilio del Z-50, un convoy se dirigió al sitio y se encontraron con dos personas armadas que entraron corriendo al inmueble donde más tarde el capo y sus escoltas fueron arrestados.

Para probar los hechos, la Semar presentó un video donde se ve a los marinos recorriendo el interior de un inmueble, sin embargo, el video no incluye el momento en que Carlos fue capturado, se pasa en corte directo del domicilio hasta que los detenidos descienden de una avioneta.

De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el joven de 19 años fue capturado cuando comía en un restaurante de pollos en compañía de uno de sus amigos antes de ir a la escuela. La Marina lo eligió como chivo expiatorio solo por tener un tatuaje en el brazo.

Al joven se le acusó de dos delitos federales: delitos contra la salud, en su modalidad de portación de marihuana; y portación de armas y cartuchos de uso oficial de las Fueras Armadas.

Además, la Marina presentó como prueba en su contra un arma que supuestamente portaba al momento de ser detenido.

Pero, la PGR determinó que el arma, una pistola calibre 9 mm no tenía las huellas dactilares de Carlos a pesar de que los marinos aseguraron que el joven se las entregó “voluntariamente” cuando lo arrestaron. Además, dos testigos confirmaron que Carlos no fue detenido en el domicilio cateado por la Marina.

La narración de Carlos ante el ministerio público indica que él se encontraba en el domicilio de su abuela, con su hermana y “como a las cinco y media de la tarde salí con rumbo a la (avenida) Himno Nacional a verme con mi amigo, porque lo iba a llevar a la escuela donde yo estudiaba”, cuando se encontró con su amigo, “él me invitó un pollo antes de ir a la escuela, y nos introducimos al restaurante, y como a eso de las seis y diez, más o menos, entraron unos soldados, revisando al personal, y a mí se aproximó un oficial o soldado, me sacó del negocio, y al revisarme se percató que en mi muñeca izquierda tengo un tatuaje, y me empezó a decir que era una escoria de la sociedad y un malandrín, yo le dije que por qué me agarró, y él me puso contra la pared, poniéndome en la cara un trapo o algo, no sé qué era, me tapó los ojos.”

El joven fue esposado, con los ojos vendados lo subieron a un vehículo y lo llevaron hasta un inmueble deshabitado donde le descubrieron los ojos sólo para tomarle una foto y luego “inmediatamente me volvieron a tapar los ojos y me estuvieron golpeando no sé cuánto tiempo, perdí la noción”.

Al joven le dieron patadas en el estómago, golpes con la rodilla en la espalda, pisotones en los tobillos, además de que usaron un cuchillo para provocarle una cortada en el brazo y amenazarlo “con que me iban a sacar el músculo (…) varias veces me doblé y me caí al suelo por el dolor, me pegaban en la cabeza con algo duro, como un casco, me dejaban en paz un rato y después regresaban otra vez a golpearme (…) Esto sucedió como cinco ocasiones, en las últimas perdí el conocimiento, cuando eso pasaba me levantaban a patadas”.

Luego de tres horas y media lo llevaron a la Ciudad de México.

“Me sacaron del domicilio (donde lo torturaban), me subieron a otro vehículo y me subieron a un avión”.

Durante el vuelo Carlos siguió con los ojos vendados “me daban zapes para que agachara la cabeza y golpes en el estómago y las costillas”.

Cuando el avión aterrizó le quitaron el vendaje para tomarle fotografías y ahí “me percaté de la presencia de otros dos sujetos más”.

Ese es el momento justo que se observa en el video difundido por la Marina, luego, dijo Carlos, “me ingresaron a una base, o no sé qué sería. Me golpearon ahí, me pusieron toallas y bolsas en la cara, para no permitir mi respiración. En la espalda tengo unas marcas que me dejaron, cuando me golpearon muy fuerte, no sé con qué me golpearon”.

Hasta un día después de su llegada a la CDMX, Carlos fue entregado al MP, pasó 44 días arraigado, hasta el 12 de diciembre de 2012, cuando finalmente fue consignado ante un juez, quien determinó que había pruebas suficientes para iniciar un juicio en su contra: el arma, la droga y su confesión.

Tras cinco años y cuatro meses de que Carlos fuera detenido por la Marina, aún continúa preso, “sujeto a proceso”.

La CNDH concluyó que tras revisar los expedientes judiciales acumulados en estos cinco años, la detención de Carlos fue ilegal pues no ocurrió como la Marina expuso y además confirmó los hechos narrados por el joven con el testimonio de al menos cinco personas que se encontraban comiendo en el mismo restaurante que él.

Además, determinó que el arma y la droga (12 kilos de mariguana), le fueron sembradas al joven, para poder inculparlo.

Aunque la CNDH dijo que dentro de sus facultades no está el expresarse sobre la inocencia o culpabilidad de Carlos en torno a los presuntos delitos por los cuales es juzgado, sí puede certificar que este joven es víctima de la violación a su derecho a la libertad y la seguridad personal, así como víctima de tortura cometida por personal de la Marina, contra quienes ya hay una investigación abierta desde hace cinco años, pero no tiene ninguna conclusión.