Familias de policías masacrados en Coatlán exigen justicia |
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Los Municipios

Familias de policías masacrados en Coatlán exigen justicia

Los elementos caídos en el cumplimiento de su deber dejaron niños en la orfandad.

Familias de policías masacrados en Coatlán exigen justicia | El Imparcial de Oaxaca
Los familiares de los policías exigieron que no haya impunidad. / Foto: Luis Cruz

“Que agarren a esos cabrones, queremos justicia”, urgió Wilfrido Jiménez López, hermano de uno de los policías asesinados en San Vicente Coatlán.

Entre los dolientes, estaba Wilfrido oriundo de Santiago Jaltepetongo, Cuicatlán en la región de la Cañada quien exigió justicia para su hermano Germán.

“Germán llevaba más de diez años, porque estábamos en la milicia, pero no le gustó y se dio de baja y se vino a la policía”.

El policía emboscado dejó a una esposa con hijos de 9 y 6 años de edad.
Aunque reconoció el apoyo que les estaba brindando la Secretaría de Seguridad Pública, exigió justicia.
Ayer, los recovecos de la explanada del cuartel de la Policía Estatal en San Bartolo Coyotepec expedían llanto, tristeza y mucho coraje.

En la parte de enfrente, donde diariamente se da el pase de lista a los policías, estaban colocados cinco ataúdes, donde yacían inertes los restos de los policías Máximo Medrano Onofre, Jesús Flores Ibáñez, Pedro López Ramírez, así como Bryan de Jesús Talledos Toribio y Germán Jiménez López.

Esposas, hijos y padres de las víctimas acudieron al homenaje.
/ Foto: Jorge L. Plata

Mujeres, hombres y niños, lloraban al escuchar el nombre de sus padres, de sus hermanos, de sus esposos, del ser querido.
Ahí dentro de ellos, estaba una adolescente en cuyas manos estaba el retrato de su papá. La joven no soltaba la fotografía, lo pegaba repetidamente al corazón y se aprehendía de el como si no lo quisiera soltar.

“Mi papá no puede estar en ese ataúd”, decía para soltar en llanto.

Eran personas provenientes de la Costa, y llegaron para ser partícipes de los honores a los caídos en sus labores, cuando realizaban un recorrido preventivo en una zona álgida.

Grandes coronas de flores acompañaron la memoria de los uniformados y con ellas el dolor de la gente que los amó.
Sus compañeros, también derramaron lágrimas de coraje, de impotencia y de miedo, porque a todas horas están expuestos.