Artesanos de barro: oficio que se extingue en el tiempo |
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Artesanos de barro: oficio que se extingue en el tiempo

A sus años a cuestas doña Teodora y don Modesto siguen caminando, recorriendo plazas, tianguis y calles para vender

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Doña Teodora Miguel, junto a su esposo don Modesto Zambrano, de 70 y 81 años de edad, respectivamente, sobresalientes alfareros de la comarca. Ella nacida en la cabecera municipal de Santo Domingo Tonaltepec; a sus escasos 10 años comenzó con la labor del barro, junto a sus padres.

A temprana edad, contrajo matrimonio con don Modesto Zambrano, originario de la comunidad de La Rosa, lugar donde establecieron su domicilio conyugal. Al tiempo iniciaron, él con las labores del campo, apoyado por ella, en eso de la siembra de maíz, frijol, calabazas, trigo, árboles frutales y cuanta especie del campo se refiere.

TRABAJO EN EQUIPO

Pero para la mujer campesina no hay descanso, ni calor y frío que la venza, es como comenzó a poner en práctica sus conocimientos sobre la alfarería, ahora apoyada por su esposo, de entrada, caminar varios kilómetros en aproximados media hora, para llegar al paraje llamado Llano grande, de donde escarban para extraer tierra suficiente, “lo que aguanta el burrito”, que bien pueden ser unos 50 kilos, refiere doña Teodora Miguel.

De regreso al pueblo, en su tallercito, él comienza a limpiar la tierra traída de Llano grande, una vez quedando finita, preparada para ser mojada con agua, a punto de barro, es cuando entra en acción doña Teodora, quien a pulso elabora pieza por pieza de un salo tajo, las artesanías de barro.

PROCESO LARGO

Hace incensarios; floreros; cazuelas, jarros, cántaros, ollas, comales, platos, vasijas diversas y de varios tamaños, así trabajan de 10 a 17 horas, hasta terminar la tarea que se fijan: elaborar seis, siete, diez y 12 piezas, dependiendo del tamaño, o conforme se vaya prestando el barro y las circunstancias del clima; además del cansancio corporal, ya que todo es a pulso, a mano tanto en el amasar el barro, como el irlos colocando conforme se va desarrollando la hechura, es una actividad que se puede ver difícil, pesado, duro, pero acostumbrándose, además de la práctica diaria perfecciona en la facilitación del conocimiento para elaborar las artesanías de barro, resalta orgullosa la fémina mixteca.

Luego viene la manufacturación en el raspar, ligar cada una de las piezas de barro, hasta dejarlo finamente pulido, actividad que se lleva tres días para dejar listo, para enseguida arrancar con la quema del horno.

El horno está construido de mamposterías de piedras sellados con barro o tierra, de forma circular, en cuyo interior están colocados un pequeño montículo de piedras que se calientan al rojo vivo, para que sobre éstas sean colocadas los artefactos de barro para su cocimiento que lleva para ello por lo menos una semana para enfriarse, iniciándose el día se prende fuego a las leñas que son colocados en la parte baja del horno que se construye explícitamente para este efecto.

LA FAMILIA

El matrimonio de doña Teodora Miguel y don Modesto Zambrano procrearon tres hijos: Fidencio, Clemente y Olga Lidia, de 49, 44 y 34 años respectivamente, quienes de niños y adolescentes aprendieron el oficio de la alfarería, actividad que hasta en nuestros días alternan con la actividad del campo, de lo que hoy se sienten orgullosos del noble oficio de sus padres; pero las generaciones presentes ya no se les inculca este noble oficio, en La Rosa, esta es la única pareja que lo conservan, por eso la alfarería se extingue en el tiempo.

Cuando el horno alcanza el enfriamiento, comienzan a sacar las artesanías, ahora ya cocidas, para enseguida realizar la actividad de decorarlos y pintarlos, una vez concluido todo, las piezas artesanales están ya listas para el mercado.

Para ello, sumados los días y horas de trabajos manuales llegan de 14 a 15 días, muchas horas de entrega con pasión en el quehacer en el arte de la alfarería, aquí en las faldas de gigantescas montañas que circundan el grande valle que parte desde la desviación a Tlaxiaco, que pasa la municipalidad de Santiago Tejupan, hasta llegar a la Villa de Tamazulápam del Progreso; La Rosa es un diminuto asentamiento que se mira a lo lejos, entre las montañas de la nación mixteca; cuando se viaja sobre la carretera panamericana Cristóbal Colón, también conocido México-Oaxaca.

OTRO PEREGRINAR

En tanto, los artesanos del barro comienzan otro peregrinar que es el de vender sus productos, hechos a mano, pulso a pulso, con ellos salen de la comunidad de La Rosa a los mercados, los miércoles en la Villa de Tamazulápam del Progreso; Jueves, en San Pedro y San Pablo Teposcolula; así van recorriendo paso a paso, los tianguis en Nochixtlán, Yolomécatl, además en las ferias de los pueblos circunvecinos, ofertando el producto de barro hecho finamente por manos expertas de los aborígenes mixtecos de La Rosa.

A sus años a cuestas doña Teodora y don Modesto siguen caminando, recorriendo plazas, tianguis, calles, veredas, consigo llevan sus experiencias de vida, sus consejos y amplios conocimientos sobre las actividades del campo, apoyándose uno del otro, pero juntos recorriendo los caminos que Dios les dio, ser siempre fieles a su espejo diario, semilla del baluarte de los hombres del campo, ejemplo y tenacidad para sus hijos, nietos y las generaciones de esta vasta nación mixteca oaxaqueña.