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Oaxaqueñas en busca de la igualdad

Destacadas en cada uno de los ámbitos en los que incursionan, muestran sus miradas y abren sus corazones para expresar lo que para ellas significa ser mujer

Oaxaqueñas en busca de la igualdad | El Imparcial de Oaxaca

Con motivo de El Día Internacional de la Mujer El Imparcial realizó un encuentro con ocho mujeres profesionistas jóvenes que se desarrollan en diversos ámbitos, desde el empresarial, el artístico, cultural, de la investigación académica y periodística para conocer sus opiniones sobre la situación de desigualdad que se vive tanto a nivel económico como social y en la vida cotidiana. Éste es el resultado.

¿Tú qué crees, por qué crees que se viven estas situaciones, porque en los hombres se han perdido los valores? -preguntó la señora Mina Fernández, directora de Relaciones Públicas de EL IMPARCIAL y presidenta de la Fundación Fernández Pichardo. Si nosotras no nos damos a respetar, en el trato que tú tienes con tu pareja sale a relucir el machismo. Lo que queremos en una relación es igualdad, pero con respeto, y nosotros tenemos que marcarlo, no ofender para no generar violencia.

Adriana de la Rosa: Creo que hay muchos distractores, ahora, mientras más acceso tenemos a internet y otros recursos, hay muchos distractores que lo que menos nos hacen pensar es en el lazo sentimental con el otro.

Nadia Padilla: Como seres humanos, no solamente como mujeres, podemos sufrir violencia, pero si lo permitimos. Todo radica en la casa y en la educación, qué persona te educó y cómo sobrellevas esas cosas, por ejemplo, cuando tú estás en armonía contigo y sabes lo que vales como mujer y como persona, no permites que te falten al respeto, pero cuando hay una mujer que viene de una educación machista, para ella es normal, ella vuelve a caer en el mismo círculo y ahí no se va a acabar y tal vez ella lo herede a sus hijos, es cuestión de que la mujer diga ‘hasta aquí’.

 

Educación, la diferencia

Angélica Martínez es economista, coordinadora de Ollin Tlatoalli, centro de lenguas que acerca a extranjeros interesados en conocer la cultura indígena a comunidades del estado como Cuajimoloyas. En su experiencia ha observado cómo las diferencias entre una mujer indígena y otra de Estados Unidos, Canadá, Australia y Taiwán -los países de origen de las personas que aprenden español en Ollin Tlatoalli- se generan desde la educación familiar.

“Para mí ha sido un proceso, primero es como estar encerrada, con tus tradiciones, con tu propia cultura, tú solamente sabes que eres mexicana, que eres de Oaxaca y que tus padres son de una comunidad. En el primer contacto que tuve con los extranjeros me topé con esa parte, es otro mundo, tienen una mente más abierta, y hay una confusión al decir ‘yo no puedo adoptar este modelo cultural porque yo tengo esto’, por ejemplo, ellas tienen más libertad de decir, ‘me caso si es que yo quiero’, ‘tengo hijos si yo quiero’, ‘si quiero puedo tomar esta decisión’, nosotros por la educación, pensamos, ‘no, es que no puedo hacer esto’, ‘es que mi familia decía que no es posible’. Vas creando una confusión y es el momento en que tú tienes que sentarte y decir ‘qué es lo que está pasando’, tomar una decisión, pero tú sola, hacerte preguntas tú sola y responderlas”.

La menstruación, un tabú

Melany Castellanos, comunicadora, egresada de la Universidad José Vasconcelos, ha develado un caso más en el que la cultura indígena y la familia son un factor de discriminación contra la mujer, incluso por cuestiones naturales. Su reportaje, Hilaria y la menstruación ganó el concurso de reportaje de Radio Francia Internacional 2016, en él relata la historia de una mujer originaria de Santo Domingo Topiltepec, Teposcolula, que, como muchas en comunidades indígenas, era castigada y estigmatizada por haber iniciado su ciclo fértil.

La historia surgió de una frase de una compañera que la marcó: “al menos ya no estoy en la etapa en la que estaba mi mamá, que realmente le pegaban (por menstruar)”. “Desde entonces quedó esa semillita en mí, por qué pasan esas cosas, todo radica desde la familia, desde la confianza y la seguridad que te dan. Si su familia la discrimina la mujer se siente lastimada”, cuenta Melanie, quien encontró un tema que, pese a ser natural, está marginado de la agenda de los medios de comunicación. “No es un tema muy tratado, a veces nos da pena, aunque hay muchas cosas que van vinculadas con la menstruación, por ejemplo, a nivel laboral muchas veces no se toma en cuenta cuando la mujer tiene el periodo menstrual, atraviesa realmente un dolor, a mí en lo personal, yo sufro muchas veces de cólicos, son dolores que a veces te tiran en la cama, a mí se me baja hasta el azúcar, son cuestiones que a veces nos tiran de exageradas, pero que se deberían abordar, en algunos países de África, por ejemplo se está legislando para que las mujeres puedan faltar a trabajar algunos días”.

Es necesario el cambio de visión

Para Nadia Padilla, diseñadora de modas y calzado, la menstruación es también una cuestión de la visión que le da la sociedad, “son días difíciles, a veces hay dolores muy profundos, pero hay una cuestión de fondo, que muchas veces solamente es tu mente, esto es algo natural, esto es algo bueno, de hecho se supone que cuando una mujer está en su periodo el universo te llena de abundancia, no es una época mala para la mujer, sino es una época buena, pero lo han tomado desde un lado negativo”.

Violencia extrema y marginación

Carmina Spíndola es maestra en antropología por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, donde se graduó con una investigación sobre adopción internacional de niños oaxaqueños, observando que más allá del ámbito económico y social, la igualdad entre mujeres y hombres, niños y niñas, se encuentra muchas veces en la condición de marginación. “Me enfoqué en saber qué pasaba con niños que nacen aquí en el estado, que llegan a una institución, el DIF y de ahí pasan todo un proceso que puede ser abandono, violencia extrema, llegan a este espacio y de ahí se agotan todos los términos hasta decir, este niño no tiene una familia que lo pueda apoyar. Ya las condiciones no son idóneas, en el caso de los abandonos, qué haces con un niño que fue abandonado debajo de un puente, una vez que un niño se queda en un estado de desamparo, no solamente de una familia biológica, sino de un desamparo social, son niños que se quedan a la deriva. En cuanto a la adopción, no me enfoqué mucho en cómo las familias los educan en la diferencia, pero sí se observa una construcción muy fuerte en cuanto a ser niño y ser niña, en etiquetas que te pueden dar desde que naces, desde que se está en el vientre, incluso con las familias con las que estuve trabajando en Italia, España, Francia, es impresionante ver cómo estas diferencias las hay en algunas partes del mundo.

Mujeres y el arte

Contra la discriminación positiva -aquella que utilizan las instituciones para aumentar la representación de las mujeres o de algún grupo diferenciado- también se pronuncia Adriana de la Rosa, gestora cultural, artista, fundadora de la Casa Rosa, un lugar de residencia para artistas -hombres y mujeres- que es rosa “porque la casa donde se instaló ya estaba pintada de rosa”. A nivel artístico, la presencia de mujeres, en el mejor de los casos, va en una relación tres a uno, tan sólo entre 25 y 33 por ciento de exhibiciones de artistas mujeres, ya sea en el MET de Nueva York o en el Palacio de Bellas Artes, por lo que se han creado exposiciones de género o exclusivas para mujeres que, asegura, corren el riesgo de generar nuevos estereotipos, de vincular a la mujer con la pintura de “flores emulando una vagina” o mostrar solo cuerpos desnudos de mujeres en paisajes idílicos “nosotras mismas regresándonos a esta cosa primaria de la mujer rosita”. Agrega, “sí hay mujeres a nivel local e internacional, pero es menos visible que la representación del hombre en manifestaciones culturales. La verdad, subraya, “esta cosa de la discriminación positiva me da un poco de flojera, como hoy, que es el día internacional y la idea es ‘pues es que como institución nos toca hablar de las mujeres porque si no somos malos'”.

Pese a los esfuerzos para incluir a las niñas en un ámbito de igualdad, en muchas ocasiones son las instituciones, particularmente la escuela, la que refuerza los estereotipos de género. “Yo tengo un niño y una niña”, cuenta Adriana, “un hijo varón y una niña, Luciano, él es el mayor, cuando nació yo tenía la intención de diseminar el género, no había nada que significara ser hombre o mujer a menos que fuera usar su pene y ver la diferencia cuando se bañaba conmigo de que yo tenía una vagina, esa es la única diferencia entre ser hombre y mujer, pero obviamente empieza a tener contacto con niños y niñas en lugares como la escuela, de hecho tuve que cambiarlo de escuela, porque si él usaba rosa las maestras se reían un poquito porque les daba pena que Luciano había elegido el rosa para ponerle un listón rosa a un fantasmita”.

Adriana de la Rosa ha trabajado también con organizaciones sociales que se dedican a tratar la violencia con los niños, varones, una situación que de igual forma aparece visibilizada aunque también está catalogada como violencia de género.

Soy mujer y “sí puedo”

Debiera entonces haber un tratamiento especial para las mujeres por esta condición natural. Para Taniri Domínguez, coordinadora administrativa del Centro Internacional de Capacitación en Salud Holística, la respuesta es no, pues resultaría contradictorio con la lucha por la igualdad que se gesta desde hace décadas.

“Para la mujer ha sido todo un proceso colocarse como mujer trabajadora, como mujer emprendedora, ha sido un cambio de paradigma, porque en el siglo pasado y en el siglo antepasado nos habían educado para el hogar, para ser una buena esposa… cuando nosotros pedimos una igualdad de género yo lo quiero comprender en que es una igualdad en todos los aspectos y en todos los sentidos, nosotras queremos trabajar, queremos posicionarnos o emprender nuestros propios negocios, creo que la exigencia debe ser la misma porque hay igualdad, somos igual de capaces que los hombres”.

Angélica también descarta que sea necesaria una diferenciación en el ámbito laboral. “No, mi padre tenía unas ideas en cuestión de que tú como mujer no podías decir que estabas reglando porque tú como mujer ya eres una mujer sucia, ya no valías como mujer, tener que esconderte desde ir a comprar las toallas sanitarias, de aguantarte el dolor, la sensación de vómito, porque mi papá puede pensar que estoy embarazada, cuánto tiempo tuve que estar ocultando eso, después tener que ir a trabajar al campo, desarrollarte en el ámbito educativo, para decir ‘es que sí puedo hacer esto'”.