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La capital de Oaxaca, una ciudad con 20 años sin planeación

A diferencia del orden con que fue concebida la ciudad de Oaxaca, hoy el crecimiento rebasa cualquier plan de desarrollo, las áreas verdes son mínimas y los buenos proyectos se han quedado en "buenas intenciones", asegura el especialista Carlos Alberto García Luna

Oaxaca de Juárez, Oaxaca

Hasta 1777, la ciudad de Oaxaca carecía de un plano que permitiera vislumbrar sus pertenencias colectivas, sus calles, iglesias, conventos, mercados y casas, el cerro del Fortín, el camino a San Felipe, los ríos Atoyac, Salado y Jalatlaco, en un mismo documento.

Para ese entonces había en la ciudad 19 mil 305 habitantes, menos del 10 por ciento de la cantidad actual. En la ciudad se sentía, como escribió Fray Francisco de Ajofrín –un monje capuchino que realizó en 1776 un croquis de edificios católicos- “una verdadera ciudad, ordenada por su corregidor y por sus honorables cabildos, civil y eclesiástico. Los conventos son notables y todos los edificios fueran aún más suntuosos si la ciudad no se viera combatida por frecuentes terremotos”.

El croquis es notable por dos elementos que hoy no se encuentran en el mapa de la capital del estado: su brevedad y orden. El trazo original era una cuadrícula simétricamente definida con líneas transversales que cruzaban de norte a sur y de este a oeste sin interrupción.

La población y la urbanización de la capital mantuvieron un crecimiento estable y con relativo orden, basado en el cuadrante original, hasta 1960, etapa que el urbanista Carlos Alberto García Luna identifica como “el crecimiento a saltos”, cuando se crea el Periférico y la sede que hoy ocupa el hospital general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

“Desde ahí empieza el desbordamiento de la capital, del primer centro histórico, el proceso de crecimiento desordenado”, explica el catedrático de la facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. La ciudad, asegura, nunca fue planeada con visión a largo plazo.

“Mal o bien hubo una planeación en 1997, hubo un Plan Estatal de Desarrollo de la capital con los municipios conurbados que no se llevó a cabo”.

Para ese entonces, expone García León en El proceso cartográfico histórico de la ciudad de Oaxaca, obra de la que es coautor junto a Juan Manuel Díaz Reyes y José Vidal Paz Osorio, ya estaban identificados problemas como la invasión “sorda pero continua” del parque Benito Juárez de San Felipe y la dificultad para constituir zonas de reserva.

En ese plan cada agencia contaba con un plan de reordenamiento urbano. En Trinidad de Viguera iniciaría la recuperación de la cuenca del río Atoyac; en San Felipe se crearía un Ecomuseo; en Santa Rosa, tres circuitos primarios, entre ellos el parque urbano El Fortín. Ninguno de estos planes pasó de ser “una buena intención”.

También quedaron sin concretar planes que permitirían un mejor flujo del tránsito vehicular en la ciudad, como acompañar los dos ejes viales del Centro Histórico –las calles de Independencia y Juárez- con pares, Murguía y Manuel Doblado, donde se prohibiría el estacionamiento de vehículos haciendo la circulación vehicular más rápida.


No hay planeación

Actualmente, a la lista de males de la urbanización en la capital se le suma la falta de proyectos que revitalicen las áreas verdes y la falta de aplicación de la ley. En aras de permitir el “crecimiento económico”, apunta el especialista, se dejan de lado situaciones como el número de espacios de estacionamientos que por ley deben acompañar un nuevo edificio.

Respecto a las áreas verdes, asegura, hay otros lugares del mundo que nos están enseñando el camino, con prácticas como la acuacultura urbana o los jardines de bolsillo. “En primera instancia lo que requiere la ciudad es sanear nuestros ríos, sería un giro importantísimo, ya estamos muy ahorcados, hay una visión en el gobierno, pero lo que falta es planeación, conocen los problemas, pero falta planeación”.

Para el especialista, la falta de planeación es notoria desde el momento en que un nuevo asentamiento humano se crea en la periferia de la ciudad. La intervención del gobierno, asegura, debería ser inmediata para crear un trazo que facilite desde el acceso hasta el tránsito y la dotación de servicios.

Asentamientos como las colonias Cuauhtémoc, San Jacinto, Microondas o Bicentenario, explica, requieren ser acompañadas desde su proceso de formación porque, una vez que ya están habitadas, el gasto para urbanizarlas se multiplica.

¿En 10, 15 o 30 años habrá espacio aún en los cerros de la ciudad capital?

-Si no lo detiene el gobierno no, lo estamos viendo en San Juanito, ya se rebasaron los límites de Monte Albán, si no hay mano dura ya no lo veremos.

En estas zonas, asegura, los pobladores apuestan al tiempo. Saben que tal vez tarden 10, 15 o 20 años pero al final vivirán en una colonia donde haya más líneas de transporte, donde los servicios se encuentren en la mayoría de las viviendas y donde incluso la seguridad sea óptima.

“Ellos piensan a futuro, ‘pasaron 10, 15 años pero mira esa colonia ya quedó’, pero el costo social que ellos van a vivir esos 10 años, 15 años es muy difícil, sin servicios, acarreando su propia agua, la inseguridad que por las noches pueden sufrir, ellos piensan en parecerse a las otras colonias, no hay expectativas para ellos en este punto, lo ven a futuro”.

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