Maribel se desnuda para inspirar a víctimas del cáncer de mama
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Maribel se desnuda para inspirar a víctimas del cáncer de mama

Maribel Bautista, una mujer con una vida normal, un trabajo estable, una familia y rodeada de muchos amigos dio batalla a una de las enfermedades más agresivas, que cada año termina con la vida de cientos de mujeres oaxaqueñas

Maribel se desnuda  para inspirar a víctimas del cáncer de mama | El Imparcial de Oaxaca

Octubre se ha convertido en un mes especial para Maribel Bautista Loaeza, en este mes dio a luz a su único hijo y varios años después en la misma fecha fue diagnosticada con cáncer. Más tarde la vida le daría un tercer regalo: recuperaría la salud.

“Siento como si Dios me diera dos regalos, justo en este mes: mi hijo y el cáncer. Recuerdo aquel día como un día cualquiera, de trabajo. Me había estado sintiendo mal (tres días para ser exacto), presentando ya un cuadro de fiebre muy fuerte; así que, cuando ya no podía más, tomé la decisión de ir al médico”.

“Salgo de la oficina ya casi las 3 de la tarde, llevaba el brazo rosado, pensaba que se trataba de una infección muy fuerte, pero cuál fue su sorpresa que, ya estando con la ginecóloga, me dice que debajo de esa piel rosada, lo que yacía era un cáncer brusco. Solo iba al médico porque pensaba que se trataba de una fuerte infección, pero terminé esa misma tarde quedándome en el hospital para ser operada. Quitarme una capa de seno, pues me diagnosticaban cáncer etapa cuatro”, agrega Maribel.

La negación y el enojo
Maribel Bautista Loaiza platica que todas las mujeres que son diagnosticadas con esta enfermedad se enfrentan al sentimiento de la negación: “esto no puede estar pasándome a mí, debe haber un error, por qué alguien como yo tiene cáncer”.

Incluso, comenta, algunas dicen sentirse abandonadas por Dios; es una reacción negativa, totalmente normal de una persona que se entera que tiene cáncer. La negación se convierte en una característica universal de pacientes con cáncer.

“Me sentía totalmente enojada con Dios, ¿por qué a mí?, ¿por qué yo?, si soy una mujer que siempre ayuda a los demás, ¿por qué Dios me da esta enfermedad?, me sentía una mujer abandonada por Dios”.

Al principio fue la negación pero más tarde tuvo que librar una larga batalla contra el cáncer. Sus familiares también tuvieron la misma reacción: no creían que Maribel tuviera esta enfermedad. “Tú no puedes tener cáncer. Los médicos están equivocados. Apenas hace unos días te vimos muy sana. Esto es un error, esas fueron las palabras de mis familiares”, agregó Maribel.

Los médicos, ¿Un vínculo distinto o distante?
Cuando a Maribel le asignaron a un oncólogo, quien acompañaría durante su lucha contra el cáncer, se sintió débil y emocionalmente destruida.
“Lo único que podía decirme (el médico) era que estaba sola, que me resignara que así estaría sola, que él era un hombre que no tenía mucho tiempo y por ello, todo tenía que ser absolutamente rápido.

“Las palabras eran demasiado crueles para el momento que yo estaba viviendo como ser humano y como mujer. Yo quería muchas explicaciones, tenía dudas y mi doctor; simplemente no tenía tiempo para dármelas”, expresó la sobreviviente del cáncer.

La experiencia amarga que Maribel Bautista tuvo con el cáncer, pone en la mesa de debate la empatía o la distancia que el médico puede desarrollar con su paciente.

Comienza la batalla
Después Maribel aceptó su enfermedad y decidió hacerse cargo de su salud. “Empecé a buscar información, a preocuparme por mí y a pagar por mi salud. Visité 17 doctores más, de alguna manera, yo quería otras opiniones y lamentablemente, todos llegaban al mismo resultado: tenía que empezar mi tratamiento, que constaría de 8 sesiones de quimioterapia.

“Los médicos me dijeron que antes de empezar las ‘quimios’, mi familia tenía que firmar una hoja donde decía que firmaban mi hoja de muerte. Fue la primera vez que vi a mi familia destrozada, con el semblante caído, y no era para menos, los doctores habían dicho que el cáncer no me mataría, pero tal vez las ‘quimios’ sí. Porque son demasiado fuertes“, señala.

Ver crecer a su hijo y continuar disfrutando de la vida fueron sus principales motivos para luchar. Fue así que, aunque sintiéndose débil y devastada por los efectos secundarios de las primeras quimioterapias, con su actitud positiva, pudo terminar las ocho sesiones del tratamiento.

Maribel descubrió que era más duro vivir con las ‘quimios’ que con la enfermedad en sí. Sin embargo, las pocas ganas de hablar, de probar alimento, la hinchazón y el incremento de peso no fueron un obstáculo para frenar sus ganas de vivir y de seguir disfrutando a sus seres amados.

“Durante cuatro años que padecí la enfermedad tuve constantes visitas a doctores, pues mi cáncer se encapsuló, se aferraba a mí y no quería mitigarse, de eso me enteré ya en la quinta quimioterapia. Se había alojado en un solo lugar del seno y habría que quitarlo de inmediato, el seno derecho ya estaba muy invadido, mi cáncer era severo y había que quitarlo”, explica.

Sin miedo a nada
Cuando le quitan el seno a Maribel, ella no tuvo miedo de nada, la mujer vanidosa que fue en algún momento de su vida había muerto para darle vida al cáncer y es que ya poco le importaba verse estéticamente bien, sólo quería sentirse bien y mejorar su salud. Así que, fácilmente, aceptó vivir con un solo seno.

“Sigo con los chequeos. La última quimioterapia me afectó el recto, me tuvieron que operar. Y aunque sigo en tratamiento; tomando pequeñas quimios todos los días, pero en forma de pastillas. Hoy puedo decir que soy exitosamente una sobreviviente de esta cruel enfermedad”.

 

 

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