Juchitán, con más dudas que certezas a tres meses del 7-S | Istmo
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Juchitán, con más dudas que certezas a tres meses del 7-S

El palacio municipal y el mercado público, al igual que los inmuebles históricos, solo han sido objeto de limpieza y observación por parte de la autoridad federal, pero de asignación de recursos e inicio de las obras nadie sabe nada

Juchitán, con más dudas que certezas a tres meses del 7-S | El Imparcial de Oaxaca

Oaxaca de Juárez, Oaxaca

El Istmo no volverá a ser igual, nadie aquí espera que así sea. Los edificios caídos no volverán a estar de pie, las casas no volverán a ser del mismo tamaño, los muertos no volverán.

Los pobladores no pretenden que el próximo Juchitán se parezca al de su recuerdo ni buscan que su memoria trace los planos para levantar su nuevo hogar, saben que hoy los recursos son pocos y que esa escasez provocará que aquí y allá, en los espacios baldíos, en los pedazos sobrantes de sus terrenos, en los montones de cascajo de las banquetas, en los avisos de “se renta”, encuentren una huella que confiesa que algo falta. Esa falta, la ausencia, no es hoy el problema, lo es la incertidumbre.

El panorama es más claro hoy que hace una semana, pero las dudas son todavía mayoría. Los pobladores han superado la afectación de la emergencia, la parálisis del sismo, caminan en el centro histórico, abren apresurados sus negocios, acompañan a sus hijos a la escuela sabiendo que habrá una nueva ciudad, con viviendas más chicas, paredes más cortas, techos más bajos, con menos colores, pero desconocen cómo llegarán ahí.

Desconocen cuál es el camino de la reconstrucción que hoy, a tres meses del 7 de septiembre, como las calles mismas de la ciudad, encuentra aún muchas obstrucciones.

Las dudas van a todos lados, llegan a todos los niveles. La presidenta municipal de Juchitán, Gloria Sánchez, no sabe aún cuándo iniciará el proyecto para construir la parte que le falta al palacio municipal o con qué inversión contará el mercado público. No sabe tampoco cuándo el INAH decidirá reconstruir el patrimonio histórico, las luces históricas de la ciudad, el templo de San Vicente, la Casa de la Cultura.

“No tenemos una respuesta concreta de cuándo podría iniciar la reconstrucción de estos edificios, hemos pedido ya al estado, a la Federación, su apoyo para la reconstrucción y no hemos tenido respuesta, ha llegado ya gente del INAH a apuntalar el palacio, pero no sabemos qué sigue o cuándo o cómo, qué recursos, no tenemos la información, es una situación desesperante”, asegura la edil.

Doña Virginia no sabe cuándo volverá a hacer tortillas ni cuándo levantará su casa, no hay trabajadores y prevé encontrarlos hasta enero.

Por ahora limpia las calles del centro, barre y recoge basura, un empleo temporal que le garantiza tener 600 pesos cada semana.

La señora Berta, de 60 años, ha comenzado a construir su nueva casa, que son dos cuartos, pero ríe y contesta “quién sabe” cuando se le pregunta cuándo terminará.

Los precios de los materiales y de la mano de obra van a la alza cada semana. Son 2 mil 700 o 2 mil 800 y hasta 3 mil 200 pesos por tonelada de cemento, pero hay rumores de que en El Espinal, el municipio vecino, se vende en 2 mil 200 pesos, aunque los juchitecos no pueden comprar ahí con la tarjeta de Bansefi porque el código de área es diferente.

La mano de obra también se ha encarecido. Los 350 pesos diarios que cobraban antes del sismo los han convertido en 500 pesos, un aumento salarial envidiable.

“A lo mejor el que tiene ahorros puede pagar la mano de obra, material hay suficiente, pero cómo le pagas a la gente”, pregunta Jesús Castillo, que se dedica a elaborar huaraches que vende en la capital del estado y quien se dice harto de las quejas. “En Juchitán somos malagradecidos todos, si nos dan poco no nos alcanza, si nos dan mucho no nos alcanza, a nadie le alcanza, pero el que sabe hacer las cosas si pone otro granito de arena le alcanza”, asegura.

Los empresarios se mantienen en las vías obstruidas por el propio gobierno. Nadie los contó ni se ha ocupado de guiarlos o acompañarlos. Natividad Regalado es la dueña del hotel Modelo, una pérdida total que nadie quiere derribar. El apoyo que le ofreció una fundación privada para demoler el edificio se vio obstaculizado porque el municipio exigió una licencia para operar; la Secretaría de las Infraestructuras dice que “acaba de llegar” y la regiduría de Obras no le da alternativas. Si quisiera contratar a una compañía autorizada debería pagar entre 90 mil y 100 mil pesos.

“El muro de carga prácticamente ya se separó, son tres niveles y está en una zona muy transitada; Protección Civil ya supervisó los daños pero en el municipio me dicen que no pueden derribarlo porque no tengo folio, dicen que Sinfra lo va a demoler pero no sabemos cuándo”.

La razón por la cual no tiene folio de inmueble dañado es porque el censo que realizó la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano (Sedatu) incl uyó solo viviendas. “Conagua dice que lo puede demoler solo con folio, el topógrafo constató que el inmueble tiene 10 centímetros fuera de la vertical, la ventana ya se desprendió, si al rato pasa algo yo me voy a desaparecer”, agrega.

Otros empresarios se han quedado estacionados a la espera de mayores apoyos. De los 10 mil pesos a fondo perdido no han pasado y, aun si aceptan los préstamos de la banca privada, no alcanzan los intereses que anunció el gobierno porque ni BanOaxaca ni la Secretaría de Economía han concretado los convenios para autorizarlos.

“Se está buscando con los gobiernos federal, estatal y municipal, cada quién le está haciendo como puede, hay unos compañeros que llenaron su solicitud de crédito, andan buscando que les den los folios pero no han prosperado, quieren los intereses ofrecidos pero ni BanOaxaca ni Nafinsa los canalizan con los bancos, no se ha logrado”, explica Juan Gilberto Prado, líder de la Cámara Nacional de Comercio en este municipio.

Ixtaltepec, mayores avances

En Ixtaltepec el camino es mucho más claro. Hay arena y grava afuera de más casas, los viajes de camionetas entregando cemento son más frecuentes. Incluso, la ayuda de organizaciones se ha materializado con mayor rapidez.

El señor Fernando López, propietario del restaurante La Guelaguetza, en Los Ángeles, California, quien volvió a Oaxaca en 2013, inició una colecta con la que recaudó dinero suficiente para construir 25 pequeñas habitaciones de madera. Después, con la ayuda de la Fundación Jenny Rivera, los apoyos incrementaron y se levantaron 50 piezas más, una de ellas habitada por el señor Efrén, cuya casa de dos pisos colapsó durante el primer sismo.

Hoy, tras un periodo de depresión que duró un par de meses, supervisa la excavación para los cimientos de su nueva vivienda que levanta con el apoyo que recibió de Bimbo, la empresa donde trabaja como repartidor.

“Es con apoyos del Fonden y con mi empresa que me ha ayudado bastante, estoy muy agradecido, de por sí estamos muy comprometidos, ahora más, son quienes más me han ayudado, a todos los trabajadores afectados nos han dado apoyo económico, en especial a mí, que fue al único que se le cayó completamente la casa, vamos a tratar de terminar toda la casa con este apoyo”, expresa.

Su empresa le otorgó además un periodo de descanso de 45 días con sueldo y 15 días de solo presentarse. En este municipio, agrega don Efrén, la autoridad municipal ha sido un factor fundamental para levantar más rápido las casas. El edil, Óscar Toral, ha facilitado que haya material como arena, blocks y grava subvencionados o con descuentos de hasta 50 por ciento.
Esta comunidad también ha sido apoyada por un grupo de menonitas de Chihuahua, que construyó 250 habitaciones temporales.

Los apoyos, aunque más visibles, son igualmente insuficientes frente a la situación general que aún se vive. La certeza que hay en este municipio, como en toda la región, es que quien apostó que en el Istmo habría “año nuevo casa nueva” falló en su pronóstico, o en su compromiso. La señora Isabel Ruiz lo explica de forma contundente: “Me siento más mal que al principio, por pensar en cómo fue y cómo estamos, en qué va a venir después”.