En Juchitán, se busca restaurar el sueño de don Norberto
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En Juchitán, se busca restaurar el sueño de don Norberto

Para restaurar esta simbólica casa de la Octava Sección se requerirán menos de 10 mil ladrillos y más de 120 mil pesos pero bien valdría la pena ver reconstruida la propiedad del fallecido don Norberto

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Viaje a viaje, venta a venta, don Norberto imaginó en Chiapas la casa que construyó en Juchitán de Zaragoza, una de las pioneras en la Octava Sección. Viendo las casas de Tuxtla y de Tapachula decidió que quería una casa grande donde cupieran él, su esposa y los nueve hijos que tendría.

Era 1930 o 1940. Don Norberto hacía en Juchitán huaraches, fundas para machetes y monturas para caballo que después vendía en Chiapas. El dinero que obtenía en el estado vecino lo convertía en ladrillos, esos objetos rectangulares que le darían forma a su sueño y de los que llegó a cargar hasta 10 mil. “Fue para él una gran proeza”, cuenta su familia.

“Era viajero, hacía esto, la talabartería y se iba a Chiapas a vender, ahí veía las casas, cómo estaban construidas, uno de sus sueños fue tener una casa así. De esas ventas en Chiapas él recaudó dinero, fue hace como 60 o 70 años, él llegó y vio que había casas grandes, para él fue un sueño tener esta casa”, cuenta Herman, un joven de unos 20 años que heredó la historia de su abuelo.

El currículum de don Norberto fue una hoja en blanco que llenó con las cosas que aprendió en la vida. Además de talabartero, fue también, cantinero, campesino, prestamista y filántropo. Entregaba dinero sin saber si volvería a sus arcas.

Don Norberto falleció el pasado 3 de diciembre a causa de un infarto. Si la casa que construyó fue su gran sueño y proeza, los daños que le causó el sismo del pasado 7 de septiembre representaron un duro golpe que debilitó su salud.

“Se empezó a debilitar, veía lo que él había juntado, la preocupación de la gente, estaba enfermo del corazón, él nos enseñó muchas cosas.
“A la gente a la que le había prestado dinero a veces no tenía para pagar y pues se lo regalaba, decía ‘si no tienen dinero cómo los voy a obligar, hay que apoyar de cierta manera’, toda esa gente llegó, hay gente que viene llegando y no sabe que falleció, él fue muy conocido en Juchitán”, cuenta Herman.

Rescatar el sueño

Hoy a la casa de don Norberto le falta el techo. Las vigas y las tejas fueron retiradas y resguardadas cuidadosamente por su familia. El sueño que dejó en diciembre pasado sigue en pie, con algunas dudas pero una certeza firme: no habrá demolición ni derribo”.

Mantener esta casa es mantener también la obra de don Norberto.

“Aquí nacieron todos mis padres, aquí corrimos, dentro de la sala, son espacios grandes, ahí estuvo el santo, tiene algo muy simbólico, ésta fue una de las casas que empezó en la Octava Sección, por eso no lo hemos derribado, sino buscando ayuda cómo restaurarla.

Nosotros ya esperamos mucho, ahora esperamos ayuda, al menos que nos ayuden sobre la estructura o sobre cómo hacer un plano”.

Un proceso lento

“Ha sido un proceso lento, un proceso olvidado”, dice Herman sobre la reconstrucción que siguió al 7 de septiembre. Su casa fue calificada como daño parcial, por lo que como apoyo su familia recibió únicamente 15 mil pesos que sirvieron para la limpieza.

“El dinero se uso para recoger el escombro, porque en esos días dos o tres trabajadores te cobraban 5 mil pesos, no por día, sino por un monto de trabajo, cobraban a destajo, con el propio dinero de la familia se retiró todo el morillo y las tejas.

“En el censo que hizo Sedatu, esta casa la tomaron como daño parcial, cuando lo fue en su totalidad, incluso todas las casas de tejavana fueron daño total”.

Restauración un valor imperdible

Desde septiembre pasado, la Alianza Tierra, un conjunto de arquitectos especializados en la construcción con técnicas tradicionales, denunció que la prisa en el proceso de reconstrucción en el Istmo de Tehuantepec generaría casas “basura” que causarían la pérdida de la identidad comunitaria e histórica de lugares como Juchitán e Ixtaltepec. Al cambiar las casas tradicionales por prefabricadas se generarían casas inadecuadas para las condiciones climatológicas y para los rituales realizados en estas comunidades zapotecas.

La proyección de los arquitectos se ha comenzado a cumplir. Elvis Jiménez, integrante de este colectivo, señala que las autoridades se negaron a ver que aunque el costo de reconstruir una casa tradicional podría superar el monto asignado como apoyo a damnificados tendría mayores beneficios para las familias.

“De ninguna manera se va a poder igualar una construcción de cemento a una casa tradicional, el dueño de esta casa me contaba que esta casa llevó 10 mil ladrillos, lo contaba como una hazaña”, señala respecto a la casa de don Norberto.

Jiménez enfatiza que cuesta lo mismo recuperar una casa de este tamaño que destruir una casa de este tamaño y levantar otra.

“Seguramente el costo de restaurar es mucho mayor a los 120 mil pesos, pero cuánto crees tú que se puede gastar, supongamos que fueran 500 mil, que es menos, pero ¿vale la pena invertir esos recursos para un edificio monumental de este tipo en el centro de la ciudad? No solo culturalmente, sino de forma económica, como patrimonio, este edificio vale mucho más así que si lo tiráramos y construyéramos algo nuevo de concreto”.

 

 

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