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Con alegría en Juchitán despiden el año del temblor

Comunidades zapotecas preservan la tradición en medio de la desgracia

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EL DATO

La tradición del “huelu y la huela” se cree que surgió en el Puerto de Veracruz en el año de 1875, cuando un grupo de trabajadores del muelle exigieron a sus patrones el aguinaldo, primero de forma violenta, posteriormente con alegría.

La alegría y la sonrisa volvió a inundar las casas derrumbadas de Juchitán y Santa María Xadani con la tradición de despedir el año viejo con baile y música.

Se trata de la tradición de los “huelus”, en el que dos personas se caracterizan de “viejitos” para pedir limosna de casa en casa ataviados con la vestimenta tradicional de la zona, esto para hacerlo más chusco.

Con esta alegría, los zapotecas despiden el año del temblor, el del 2017 cuyo 7 de septiembre no olvidarán por un terremoto de 8.2 grados que devastó sus vidas y los dejó sin patrimonio y a muchos sin sus seres queridos.

La tradición del “huelu y la huela” se cree que surgió en el Puerto de Veracruz en el año de 1875, cuando un grupo de trabajadores del muelle exigieron a sus patrones el aguinaldo, primero de forma violenta, posteriormente con alegría.

En las localidades zapotecas del Istmo, en Juchitán y Santa María Xadani, esta tradición sigue viva a pesar de la desgracia que dejaron los sismos de septiembre en ambas comunidades, de las más devastadas.

Una pareja de jóvenes o adultos, se disfraza de ancianos, que acompañados con un grupo de amigos, recorren casa por casa a bailar, a cambio de una limosna. La pareja de “ancianos“ solicita permiso para ejecutar el baile y así pedir “una limosna para este pobre viejo que ha dejado hijos para el año nuevo”.

De acuerdo con los historiadores, la tradición inició a manifestarse en las comunidades zapotecas desde el siglo 20, cuando una pareja de adultos caracterizados de viejos comenzaron a recorrer de casa en casa, principalmente por las noches en los últimos días del año para pedir limosna “para el pobre viejo”.

Con los rostros cubiertos con una máscara o con un simple pañuelo, los “viejos” bailan al ritmo de músicas de moda, con instrumentos de viento y tambora, o incluso, con música regional del Istmo, y lo hacen en las plazas, en las calles y lugares públicos, o donde sea que se les permita bailar, a cambio de una moneda. La mujer viste traje regional y el hombre con vestimenta de campesino apoyado con un bastón.

“Este año todo es diferente porque aún estamos con tristeza”, cuenta Juan José Santiago Martínez, de 50 años de edad y que recorre las calles y casas de la Séptima Sección de Juchitán, una de las zonas más devastadas por los sismos, Juan José acompaña con la flauta a dos niños que bailan disfrazados de viejitos, “para que preserven la tradición”.

“Nuestra casa también se cayó, pero seguimos con la tradición. Acabamos de ir por la colonia Juárez, pero todo está oscuro, casi todas las casas se cayeron por ahí, por eso decidimos venir más hacia el centro. Esperamos que con esta tradición darle un poquito de alegría a nuestra gente, que se rían un rato y que olviden un poquito lo que pasó por el sismo”, agregó Juan José Santiago.

Raymundo es un joven de Santa María Xadani, también su casa quedó devastada por el sismo pero trata de olvidar por momentos la desgracia cuando se disfraza de “huela”. Bajo su vestimenta de “viejita” y con su máscara, Raymundo lleva la alegría las familias devastadas. Al recorrer las calles de Xadani decenas de niños siguen a los “huelus”.

Tras cada baile con música de guitarra, flauta y tambora y con coplas del “año viejo”, los “huelus” reciben a cambio su limosna, 15 o 20 pesos y después siguen su recorrido.

 

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