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Problemas psicológicos que enfrentan las madres primerizas

Con la llegada de un bebé las emociones sufren altibajos y también se extreman, llegando a aparecer, por ejemplo, depresión postparto.

Problemas psicológicos que enfrentan las madres primerizas | El Imparcial de Oaxaca
Foto: Internet.

Con la llegada de un bebé a casa, la vida de las personas implicadas sufre un cambio al que hay que acostumbrarse con el paso del tiempo. Nuevos aprendizajes, etapas diferentes y la dependencia de un bebé del que hay que estar pendiente todo el día. Los cuidados del recién nacido suponen estrés y ansiedad para los cuidadores que no siempre le sabe hacer frente.

Las emociones sufren altibajos y también se extreman, llegando a aparecer, por ejemplo, depresión postparto. Sin llegar hasta ese punto, sí se pueden experimentar emociones negativas fruto de la inexperiencia de ser madre primeriza.

No es fácil pasar por una etapa tan compleja como la de ser madre y pretender que todo salga bien a la primera. Hay que dar un margen al aprendizaje y al crecimiento. Buscar formas de hacerlo mejor, tener espacio o apoyarse en los demás puede ayudar a combatir los problemas psicológicos más comunes de las madres primerizas.

Fallos

El proceso normal de criar a un hijo implica caer en fallos normales que no tienen consecuencias relevantes, pero que aun así podríamos evitar, convirtiendo el proceso en algo más sencillo, con un mayor bienestar y alejadas de la sensación constante de estar haciendo las cosas mal, una sensación que está muy extendida en las madres primerizas.

¿Cuáles son los problemas psicológicos más frecuentes en una madre primeriza?

1. El exceso de miedo

El miedo es la emoción ligada a la seguridad y la supervivencia. Parte de uno mismo para protegernos, pero también se extiende para proteger a los demás, especialmente cuando tenemos hijos. Sin embargo, este miedo deja de ser adaptativo cuando se convierte en algo que podría rozar la fobia.

El miedo desmesurado conlleva pensamientos obsesivos y dramatizados, con una sobreprotección, generando estrés, ansiedad y culpa. Algo que podría poder ayudarnos se transforma en algo que nos perjudica tanto a la madre como al hijo.

2. Todo lo hago mal

¿Qué pasa si una amiga te cuenta que acaba de ser madre y que está cometiendo algunos fallos? Que, basándote en la empatía y la compasión, no la culpabilizarías ni la harías sentir peor. Sin embargo, si esos fallos los está cometiendo una misma, se castiga con dureza. Aparece el ‘todo lo hago mal’ o el ‘no soy una buena madre’.

La primera vez que nos enfrentamos a algo, no nos sale bien a la primera, y así es como debe ser. No nacemos con un manual de instrucciones ni estamos programados para saber siempre cómo actuar. Los fallos son necesarios para el aprendizaje y forman parte del ciclo natural de la maternidad. Eso no nos quita valor ni nos convierte en malas madres.

3. Me olvido de mí misma

Criar a un bebe implica dedicar una cantidad enorme de horas, sacrificando parte de nuestra autonomía. Aunque vayamos a tener menos tiempo, no debemos olvidar que, para poder ejercer como madre, se debe estar bien consigo misma. Eso implica alimentarse debidamente, sacar tiempo para la actividad física o buscar horas de descanso.

4. Puedo sola

Ninguna fase importante puede ser enfrentada sin un mínimo de apoyo. Creer que seremos capaces de afrontar cualquier cosa sin ayuda es algo temerario que exigirá demasiados recursos físicos y emocionales y que traerá consecuencias negativas, como un desgaste excesivo que puede debilitarnos.

Si la maternidad se está llevando a cabo sin una pareja o si, por el contrario, lo estamos compartiendo, tenemos que buscar formas de pedir ayuda y equilibrar la carga. No es una etapa para ser superheroínas, sino para ser madres, lo cual no implica que haya que poder con todo.

5. Encerrarme

Como los bebés tienen un sistema inmunitario más débil buscamos su protección reduciendo el número de tiempo que pasamos fuera con él, especialmente en los meses donde las temperaturas son más extremas. Como decidimos pegarnos a nuestro hijo o a nuestra hija, nos olvidamos de que también podemos salir por nuestra cuenta. Ese espacio es necesario para oxigenarnos, respirar y recuperar parte de la independencia y la serenidad.

La maternidad es una etapa de la vida que ha sido considerada durante siglos como algo fácil, obligatorio y que todo lo valía y lo podía. Sin embargo, estos falsos mitos han podido crear culpa y vergüenza en madres primerizas que veían que hay un gran sacrificio detrás y que, de vez en cuando, necesitan más espacio. Se cae, por tanto, en dificultades psicológicas típicas que nos pueden crear consecuencias negativas emocionales.