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Cómo ayudar a un niño a superar la muerte de un ser querido

El luto para los niños es diferente y son las personas que lo rodean quienes le ayudarán a llevar este proceso de la forma más saludable y confortable posible.

Cómo ayudar a un niño a superar la muerte de un ser querido | El Imparcial de Oaxaca

La muerte de un ser querido no es sencilla de asimilar para nadie. Hay que entender que los procesos de asimilación y aceptación son diferentes en cada persona. La edad, la personalidad, las circunstancias, entre otros factores, determinan estas diferencias.

Pero en el caso particular de los niños se recomienda siempre la guía por parte de un adulto. El luto para ellos es diferente y son las personas que lo rodean quienes le ayudarán a llevar este proceso de la forma más saludable y confortable posible.

Lo que hay que hacer y saber para ayudar a un niño a superar la muerte de un ser querido

Aunque estos temas nunca son fáciles de abordar, el bienestar emocional de los menores debe ser una prioridad. El proceso que se vive después de que fallece alguien cercano, debe ser llevado de forma correcta para evitar las secuelas emocionales, sobre todo en los niños.

Para lograr esto hay una serie de pautas que se deben aplicar de forma inmediata. Es decir que si alguna persona cercana se encuentra enferma y en peligro de fallecer, se debe comenzar a explicarle al niño. Eso sí, siempre que se considere necesario hay que apoyarse de profesionales de la salud emocional.

1. Hablar abiertamente
Para ayudar a un niño a superar la muerte de un ser querido se necesita buena comunicación. Esto es fundamental. La muerte debe dejar de ser un tema tabú, no se debe ocultar ni se debe evadir el tema. Hacerlo así, lejos de favorecer al niño, lo hunde en una tremenda confusión.

Como se mencionó anteriormente, hay que explicar lo que ocurre incluso ante la mera posibilidad de que alguien cercano muera. Si se encuentra en el hospital, enfermo de gravedad, se debe decir desde el momento en que está sucediendo.

La forma en que se va a abordar el tema y explicar lo que ocurre depende de la edad del niño. Cuando son menores de 6 años, hay que conversar con ellos sobre la muerte o enfermedad de alguien de forma muy concreta, simple y en términos verdaderos. Esto significa que no se deben utilizar expresiones como “se durmió”, “se fue de viaje”, o similares.

Si los niños son mayores de 6 años, el tema puede tratarse ya con mayor complejidad pues a esa edad se está capacitado mentalmente para entender lo que ocurre. En el caso de adolescentes, se debe hablar siempre con total y absoluta verdad.

2. Permitirle participar en los rituales
Siempre existe la duda de si los niños deben o no presenciar los rituales alrededor de la muerte. La respuestas es que sí, siempre que esto sea posible y que el ambiente sea de respeto y de compasión mutua.

Ante estas situaciones se aconseja hablar previamente con el niño sobre lo que va a ocurrir en el ritual. Sin demasiadas explicaciones en el caso de menores de 6 años, pero sí comentándoles lo que sucederá en esos momentos.

Una vez hecho esto, hay que preguntarles a los niños si ellos quieren estar ahí. En caso de que digan que sí, lo conveniente es apoyarse en alguien que pueda estar cerca de el niño para cuidarlo y, en caso de ser necesario, retirarse con él.

Ante niños más grandes, sobre todo adolescentes, hay que alentarlos a acudir a los rituales. Puede ocurrir que manifiesten no querer acudir, no obstante, sin afán de obligarlos, es mejor persuadirlos, pues es parte del proceso de luto. Sin embargo, hay que tener cuidado de no someterlos y hacerlos sentir poco respetados en su decisión.

3. Hablar sobre las creencias
Si profesan alguna religión, hay que hablar de la muerte desde la perspectiva de nuestra fé. Para que entiendan de mejor forma los rituales alrededor del fallecimiento de alguien, hay que abordar el tema desde nuestras creencias o religión.

Todo lo relacionado al tema, desde la perspectiva de nuestro credo, ayudará mucho a su comprensión de la muerte. Hay que permitir que el niño o adolescente plantee sus dudas, preguntas y sobre todo sus emociones.

En respuesta a todo esto, se puede apoyar de nuevo en lo que su religión o creencias indican, y en caso de no seguir una religión específica, hablar acerca de lo que usted o su familia creen al respecto y cómo lo perciben.

Lo más importante es dejar que él hable y exprese sus dudas. Hacerle sentir en un ambiente de confianza, en el que puede hablar sin tabúes. No hay que presionar o exasperarse si el niño manifiesta no estar convencido de las creencias o explicaciones desde la religión.

4. No sobreproteger
Ocultar emociones, ocultar información o no hacerlo partícipe de los rituales, es sobreprotegerlo. Y esto es inadecuado para el proceso emocional del niño, sea a la edad que sea.

Es común que los padres crean que deben mostrarse fuertes ante sus hijos. Reprimen el llanto y el dolor para no mostrarse débiles o sensibles frente a los niños. Esto es un error pues, sobre todo en los más pequeños, envía el mensaje equivocado.

Los niños deben presenciar su realidad y enfrentarla, claro que siempre con el apoyo y guía de sus mayores. Conocer la gama de emociones y el manejo adecuado de ellas, les proporciona más herramientas que ocultarles el dolor y el sufrimiento.

Además, esto proporciona la pauta para que el niño sepa que puede expresar sus emociones y que no hay nada de malo en ello. De esta forma se genera una sensación de confianza y complicidad generando así un ambiente de intimidad donde se sienta cómodo de expresar lo que siente.

5. Validar emociones
Sobre todo en los días posteriores al fallecimiento, es normal que el niño manifieste diferentes emociones. Y todas son válidas y son normales, así mismo todas pueden aprenderse a gestionar, labor en la cual el adulto debe intervenir y guiar.

Hay que tener claro que la gestión de emociones es un proceso muy complejo que no se domina sino hasta después de la adolescencia. Por lo que esperar que un niño o un joven sepa manejar correcta y prudentemente sus emociones, es algo irracional.

Los niños y adolescentes pueden presentar actitudes de enojo, de tristeza, de frustración… Pueden aislarse, ocultarse o bien expresar abierta y continuamente sus emociones. Sobre todo en los más pequeños, la tristeza puede manifestarse de formas muy diferentes.

Algunos comienzan a actuar de forma hiperactiva, o se enfadan fácilmente. Tienen actitudes que en ocasiones no parecen relacionadas a la tristeza de perder a alguien cercano. Esto es normal y hay que tener disposición de comprenderlo y de ayudar a que ellos lo entiendan.

Una forma eficaz de trabajar en esto es validando sus emociones. Frases como “Sé que debes sentirte enojado” o “Entiendo que estas muy triste” acompañado de alguna acción que le permita trascender esa emoción, son las herramientas necesarias para esta etapa.

6. Buscar apoyo
Buscar apoyo extra para manejar la situación, no debe percibirse como una debilidad. Buscar terapia o algún grupo de apoyo, puede otorgar las herramientas necesarias para transitar de mejor forma este duelo y ayudar a los niños en el suyo.

También se puede buscar ese apoyo en material extra como literatura o películas que aborden este tema. Además de que pueden brindarle información al niño, también es una oportunidad para conversar y expresar el sentir mútuo.

Siempre hay que tener claro que mostrar nuestras propias emociones ante los niños no es malo. Lejos de dañarlos o de hacerlos sentir inseguros por vernos llorando y asimilando nuestro dolor, podemos brindarles una gran enseñanza al presenciar cómo es que nosotros manejamos y gestionamos nuestras emociones.

Por esta razón es que es importante que nosotros mismos cuidemos nuestra salud emocional, y que de ser necesario, busquemos apoyo en algún profesional y no ocultarselo a los más pequeños. Esto les estará enseñando que es normal sentir dolor y es normal necesitar ayuda.

7. Mantenerse alerta
El proceso de duelo puede durar hasta dos años. Durante este tiempo e incluso aún más, hay que mantenerse atentos al proceso de los menores. No debemos bajar la guardia y pensar que ya todo pasó y que si el niño ya no llora, es que ya está todo superado.

Debido a que estos acontecimientos son dolorosos para todos, en ocasiones cometemos el error de querer dar vuelta a la página y no querer volver a pensar ni hablar del tema. Sin embargo esto es un error. Hay que dar el tiempo necesario para que realmente sane.

Por eso la recomendación es preguntar continuamente a los niños y adolescentes sobre cómo se sienten. Seguir fomentando un ambiente de confianza para que se sientan seguros de hablar con nosotros. Pero al mismo tiempo hay que estar alerta ante situaciones que pudieran ser anormales.

Por ejemplo, cambios en los hábitos alimenticios o de sueño, sentimientos continuos de culpabilidad, somatización, irritabilidad, disminución del rendimiento escolar, podrían ser señales de alerta que indican que el duelo aún no ha concluido y tomar cartas en el asunto ya sea buscando apoyo profesional, o redoblando esfuerzos al interior del ambiente familiar.

 

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