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Estilo

Consumo local, el bienestar de nuestra economía

Es tan importante el consumo local que en diversas ciudades de Europa las comunidades han comenzado a crear su propio dinero.
por Alonso Pérez Avendaño

Quien no ha comido tacos Sierrita, quien no ha tomado aguas Casilda, quien no ha probado paletas Popeye y no ha leído El IMPARCIAL nunca ha estado en Oaxaca. Las palabras de este cartel que seguramente has visto en la ciudad, aunque tienen un tono cómico, representan una gran importancia para Oaxaca. Estos productos son indispensables para locales y para visitantes, para oaxaqueños y turistas, ya que forman parte de la historia y tradición de la capital, pero también significan pilares de la economía local y tanto su producción como su consumo generan muchos beneficios.

Con el consumo de tacos, aguas de sabor, paletas heladas, un periódico y podemos sumar chocolate, mezcal, tlayudas, chapulines, quesillo y cientos de productos oaxaqueños más garantizamos que el dinero que gastamos se quede en nuestro entorno. ¿Esto realmente es importante? Imaginemos: si cada día gastas 100 pesos, ¿es lo mismo si los gastas en el mercado o en pequeños comercios que si lo gastas en el supermercado?

Por ejemplo, si compramos 100 pesos de verdura ¿es lo mismo si lo damos a la señora del mercado o a una gran cadena comercial? Además de las diferencias en la calidad del producto, su forma de cultivo y su precio, si compramos esas verduras en el mercado, esos 25 pesos irán a dar al bolsillo de una vendedora o vendedor oaxaqueño, que a su vez compró las zanahorias o las manzanas a un productor local y podrá repartir el dinero obtenido a otros comerciantes locales, a la tortillera, al señor que vende agua potable o al que le vende las bolsas de plástico, entre otros.

En cambio, si compramos esos productos en un supermercado, esos 100 pesos irán a dar a una empresa que destinará una milésima parte al pago de salarios, que muy probablemente importó las verduras, es decir, las trajo de otro país, o que las obtuvo en el país a un precio muy inferior al que finalmente exhibe en su venta. El dinero va a dar a una persona o aun grupo, los dueños de la empresa, que no son parte de esta comunidad y que no devolverán los 25 pesos al circuito económico local. Tus 100 pesos salen de Oaxaca y difícilmente volverán.

¿Importa si el dinero se queda en Oaxaca?

Sí, es tan importante el consumo local que en diversas ciudades de Europa las comunidades han comenzado a crear su propio dinero. ¿Cómo es esto? En vez de comprar en euros, ciudades como Bristol, Inglaterra, Sevilla y próximamente Barcelona, en España, han creado sus propias monedas. ¿Cómo se logra? Es relativamente sencillo. ¿Quién dice que una moneda vale 10 pesos? ¿Dios? ¿El presidente? ¿Donald Trump? Es una convención, un país crea su moneda le pone un valor y la pone en circulación; en contraparte, los empresarios y comerciantes colocan un precio a sus productos que sea próximo al costo de elaboración, que genere ganancias y sea accesible para sus clientes que, a su vez, buscan la manera de obtener dinero para adquirir los bienes que necesitan. El problema con el peso, el euro o el dólar es que los lugares donde los aceptan son tan extendidos que si obtengo esos 10 pesos en Oaxaca, los puedo gastar en Chihuahua, Colima, Nayarit o cambiarlos por medio dólar y comprar en Florida o en Arizona. En cambio, con la libra de Bristol o el puma de Sevilla, los productores y consumidores de esas ciudades garantizan que el dinero se quede en su comunidad. Estas iniciativas han sido tan exitosas que funcionarios públicos han comenzado a recibir su salario en moneda local. ¿Qué garantizan así? Que si quieren comprar un libro o si quieren beber una cerveza vayan a una librería o a una cantina local. A su vez, si el librero o el cantinero quieren comprar un suéter deberán hacerlo en una tienda de su ciudad, no obligados, sino por la convicción de que en su compra está la posibilidad de mantener en buen estado su economía y con la seguridad de que ese dinero volverá en algún momento a sus manos. En Oaxaca, al no contar con una iniciativa de dinero local, debemos pensar cómo y en dónde gastamos nuestro dinero, si compramos una manzana en el mercado o en el súper.

Si comemos tacos Sierrita o vamos a Mc’donalds, si comemos una paleta Popeye o una Holanda, si vamos por un agua de doña Casilda o un refresco. Si compramos El Imparcial con nuestro voceador o no.