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Columna

Día internacional de la Tolerancia

Amigos, me despido y les dejo una pregunta ¿qué tan tolerantes somos cada uno de nosotros?

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Juan José Ibañez

¡Hola queridos lectores!, no sé si ustedes sepan, pero hoy se conmemora el Día Internacional para la Tolerancia; dice el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), que la “tolerancia” es el “respeto a las ideas, creencias a prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”, partiendo de ese significado, comencemos.

Las Naciones Unidas se han comprometido a fortalecer la tolerancia mediante el fomento de la comprensión mutua entre las culturas y los pueblos. Este imperativo está en la base de la Carta de las Naciones Unidas y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y es más importante que nunca en una era en la que el extremismo y el radicalismo violentos van en aumento y los conflictos se caracterizan por un menosprecio fundamental de la vida humana.

En 1995, los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) adoptaron la Declaración de Principios sobre la Tolerancia. La Declaración afirma, entre otras cosas, que la tolerancia no es indulgencia o indiferencia, sino que es el respeto y el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los seres humanos. La tolerancia reconoce los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los otros. La gente es naturalmente diversa; solo la tolerancia puede asegurar la supervivencia de comunidades mixtas en cada región del mundo.

La Declaración describe la tolerancia no solo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados. Sitúa a la tolerancia en el marco del derecho internacional sobre derechos humanos, elaborados en los últimos cincuenta años y pide a los estados que legislen para proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e individuos de la sociedad.

La injusticia, la violencia, la discriminación y la marginalización son formas comunes de intolerancia. La educación es un elemento clave para luchar contra estas formas de exclusión y ayudar a los jóvenes a desarrollar una actitud independiente y un comportamiento ético. La diversidad de religiones, culturas, lenguas y etnias no debe ser motivo de conflicto sino una riqueza valorada por todos.

Yo creo que es muy importante ser tolerantes con todos, ya que la intolerancia puede ser algo muy grave y peligroso, puede llevar a ciertas personas que son muy impulsivas a hacer algo de lo que se puedan arrepentir.

Todos formamos parte de la solución, la no violencia puede ser una herramienta muy efectiva para confrontar un problema, crear un movimiento, o demostrar solidaridad con las víctimas de la intolerancia. La tolerancia es la base fundamental de una excelente convivencia entre los seres humanos de diferentes culturas, razas, credos y modos de vida.

La intolerancia nace a menudo de la ignorancia y del miedo a lo desconocido y de un sentido exagerado del valor de lo propio. Por eso, es necesario educar sobre el tema y enseñar la tolerancia y los derechos humanos a los niños.

La educación es un elemento clave para luchar contra estas formas de exclusión y ayudar a los jóvenes a desarrollar una actitud independiente y un comportamiento ético. La diversidad de religiones, culturas, lenguas y etnias no debe ser motivo de conflicto sino una riqueza valorada por todos.

Los problemas que nos afectan son cada vez más globales pero las soluciones pueden ser locales e individuales. Para luchar contra la intolerancia es necesario que todos los órdenes de gobierno impulsen y promuevan leyes sobre educación y derechos humanos, que prohíban los crímenes y las discriminaciones contra las minorías.

Amigos, me despido y les dejo una pregunta ¿qué tan tolerantes somos cada uno de nosotros?
¡Hasta la vista!