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Estilo Joven: Las preguntas de Takuma Nakahira

Sus ideas sobre las imágenes son pequeñas joyas que pueden guiarnos en el camino de las interrogantes sobre un mundo de ingente información

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Oaxaca de Juárez, Oaxaca

Las imágenes han tomado el control de nuestra vida. Ininterrumpidamente se hacen presentes y no solo en nuestras tabletas y redes sociales, también sobre la forma en que vestimos, en el lugar donde vivimos y la forma como comemos: vestimos, construimos y cocinamos “para que se vea (bonito)”, con el fin último de que lo que obtenemos se pueda mostrar, “publicar”.

Las imágenes han sido colocadas en el trono de nuestra vida diaria, pero la reina no ha sido enaltecida, perfeccionada, sino rebajada al más mínimo de su expresión, a la toma más fácil, la más rápida, en la que salgo “yo”. Decir que las imágenes que vemos cada día son fotografías sólo porque las tomamos con una cámara es como decir que una bolsa de plástico es un vestido sólo porque nos está cubriendo el cuerpo.
Así como se hace una distinción inmediata entre lo que es periodismo e información, las fotografías se distancian de las imágenes por diversos puntos de fuga: su objetivo, composición, temática, propuesta, la intención. La fotografía tiene muchos objetivos y cualidades, la imagen sólo uno, mostrar.

Con una fotografía se puede conversar, una imagen difícilmente puede decir más de dos monosílabos. A las fotografías se le pueden hacer múltiples preguntas, las imágenes difícilmente pasarán la primera prueba. Takuma Nakahira es precisamente un fotógrafo que hizo preguntas contundentes a la fotografía. Uno de sus ensayos más reproducidos se titula ¿Ha podido la fotografía provocar al lenguaje? Este artista japonés –harto entonces de que cada fotografía se hiciera pasar como arte y de que cada fotografía artística pretendiera ser contemporánea- sentó en el banquillo de los acusados a esta forma de expresión y la cuestionó: ¿De verdad eres el nuevo lenguaje de nuestra época?

Dos ideas expresadas en su trabajo ponen orden en el remolino: en su obra Circulation, presentada en la Bienal de París de 1971, tuvo una propuesta inédita: más que elegir una selección de su trabajo previo decidió presentar únicamente fotografías tomadas e impresas el día de la exposición, su muro cambiaría al siguiente día. Sí, era un precedente de algo hoy mundialmente conocido hoy, tu muro de Facebook.

Esta idea, sin embargo, se combina con otra pequeña joya del pensamiento de este fotógrafo conocido por su estilo de imágenes bure –grueso, borroso, fuera de foco-: “Solo el uso de los seres humanos puede dar vida a un lenguaje”. ¿Cómo comprender esta idea tan simple? El lenguaje, sin uso, está compuesto por símbolos abstractos, cuyo valor llega únicamente con su puesta en juego. Esos símbolos, combinados con los otros de su universo, generan un mensaje, un enunciado. La fotografía, como un lenguaje en sí tiene sus propios símbolos –su alfabeto- y con ellos pueden crearse mensajes como los de Nakahira o imágenes con contenidos efímeros, como la imagen que muestra el platillo que estás por comer o la que exhibe el nuevo par de calcetines que has creado.

El tomar (y compartir) una fotografía se convierte entonces en un reto mayor en el que intervienen preguntas como ¿qué elementos del lenguaje conoces y muestras?, la pregunta final es ¿qué le estás mostrando al mundo?

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