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Álvaro Carrillo: un siglo del andariego

El cantautor cumpliría 100 años. En sus 49 años de existencia creó centenares de temas, pero su familia considera que aún falta conocer más de su vida

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“Álvaro Carrillo hay para más”. Mario Alberto Carrillo Incháustegui, hijo del cantautor, sabe que en el centenario de nacimiento de su padre su música seguirá por generaciones. Y lo afirma porque desde diciembre de 2018, cuando se propuso hacer 100 homenajes para el autor de Sabor a mí, sus canciones y vida han sido el eje de jóvenes de apenas 12 o 14 años, que ya son “carrillistas”. “Lo que más me ha entusiasmado y que no esperaba es que (participaron) muchos jovencitos”.

Aunque tiene pocos recuerdos de su padre (pues tenía cinco años al momento en que este falleció el 3 de abril de 1969), Mario lo ha ido conociendo y admirando más. En especial por las anécdotas de personas que lo conocieron y que incluso cuentan la historia de los temas creados por el oriundo de San Juan Cacahuatepec, ya sea de La mentira, Luz de luna o de otras que va recogiendo en un libro.

Este 2 de diciembre, Álvaro Carrillo cumpliría 100 años (San Juan Cacahuatepec, Oaxaca, 1919- carretera México-Cuernavaca, 1969). Pero sólo llegó a los 49. Y aunque canciones como Sabor a mí (que relata una noche de copas y romance con su esposa Ana María Incháustegui) se han cantado en al menos una treintena de idiomas, aún hay cientos de temas que quedaron plasmados en letras o música, aunque sin grabarse.

Como ello, hay aspectos poco conocidos del cantautor costeño, del afromexicano que se consideró mixteco, del que se quedó para la posteridad con chilenas y boleros como Seguiré mi viaje, Cacahuatepec, La hierbabuena o El andariego. Aún falta saber más de aquel que fue líder estudiantil en Ayotzinapa, Guerrero, apunta Mario, quien siempre ha dicho que “los estudios sacaron a Álvaro Carrillo de un lugar súper escondido como en esa época pudo haber estado Cacahuatepec”.

¿Qué hubiera pasado si Álvaro Carrillo no hubiese sido un buen estudiante? Se pregunta Mario, uno de los hijos del autor de Luz de luna. Él mismo responde que “probablemente su música se hubiera quedado solamente en Cacahuatepec”. Y quizá habría sido un buen compositor regional, pero “no hubiera podido traspasar las fronteras”.

“¿Qué es lo que lo llevó primero a San Pedro Amuzgos (a formarse como profesor, y en donde comenzó a componer canciones), de ahí a Ayotzinapa (en donde tuvo que concluir su formación como docente tras el cierre de la normal de Amuzgos) y luego a la (Universidad Autónoma) Chapingo (de donde egresó como ingeniero agrónomo)?”. La respuesta vuelven a ser “los estudios”. Ese esfuerzo que durante su paso por Chapingo (alentado por Hipólito Cárdenas, director de la normal de Ayotzinapa), con buenas calificaciones, lo llevaron poco a poco a la Ciudad de México, “que era el único lugar posible para que Álvaro Carrillo se internacionalizara”.

Esta vida, la de un estudiante, es lo que Mario considera fundamental para la prosa tan buena del cantautor fallecido en un accidente junto con su esposa (Ana María). Al que también percibe como poco conocido en el país.

“En Oaxaca y Guerrero se conoce un poco más, pero a nivel federal hay un poco de desconocimiento de él. Lo ven como un cantautor y hasta ahí. No lo ven como un buen ejemplo para la juventud de ahora”.

 

EL AFROMEXICANO, EL CARRILLO ALARCÓN (O MORALES)

¿Falta conocer más de sus orígenes, de sus raíces? Sí, que “sea afromexicano”, contesta el también cantautor que junto a su hermano Álvaro acompañó a sus padres en ese fatal accidente.

“Quienes no conocen a Álvaro Carillo me han preguntado: oye, ¿tu papá era afromestizo?, qué buena onda. Es algo que lo ponen de moda y hacen pensar que el afromestizo no existía, como si de repente apareció, (como si) de repente se instaló en la población. Y no saben que hay muchísimos (afromestizos) hace muchos siglos”.

En esas raíces hay que ver un ejemplo, añade, pues Álvaro “se desarrolló a pesar de estar escondido, de que seguramente hubo racismo en esa época, pero jamás se quejó de esas cosas, salió adelante”.

Álvaro fue el mayor de sus hermanos (si se considera a Rosa María, que falleció, y a Celedonio), pero hablar de la familia es un tanto complejo, reconoce Mario, ya que su padre nunca distinguió entre hermanos de padre y madre y los tantos medios hermanos que tuvo, pues todos eran familia.

“Se trataban de hermanos, así se veían”, dice mientras menciona a algunos de los tíos que conoció: Arnulfo, Porfirio…

“José María Carillo ya estaba casado con Teodora Alarcón, pero no pudieron tener hijos. José María Carrillo tuvo varias familias; cuando muere mi abuela (Candelaria Morales), antes que él, él los lleva con Teodora, pero (José María) fallece de la misma enfermedad que Candelaria, de una epidemia”. Entonces, Teodora los adopta como sus hijos y los inscribe en la escuela con su apellido.

“Por eso todos sus papeles de Álvaro Carrillo Alarcón de escuela salen así, pero a la hora que quiere sacar un pasaporte entonces no es Álvaro Carrillo Alarcón, sino Carrillo Morales”, explica Mario sobre la dualidad de un contexto con infinidad de adversidades que le gustaría conocieran.

Carrillo no hablaba una lengua indígena, pero sí tenía “el caló” de la Costa. Y como buen costeño empleaba palabras como “chirundo” (desnudo). Aunque sí tiene una canción que se llama Lindo Oaxaca y en la que él se asume mixteco. “Soy de pura raza mixteca, dice, y es un cancionero que él edita, que firma y él se entrevista. Él se sentía mixteco y esas cosas son biográficas, son anécdotas, pero vale tenerlas como una referencia de que seguramente no hablaba mixteco”.

Y es, subraya, el Álvaro Carrillo que le gustaría que vieran, no sólo el de Sabor a mí. “Esa es la conclusión, pero hay una serie de enlaces hacia lo más bonito de Álvaro”.

 

EL COSTEÑO DE LAS MÁS DE 500 CANCIONES

Saber el número exacto de sus composiciones es complejo. Pero la familia estima que se trata de 526 canciones. No todas están armadas completas, pues en algunos casos sólo hay letras o guiones (música). Del total, alrededor de 300 tienen música y letra. “Pero contamos la letra como una canción y la música como otra”.

Se estima que menos de una quinta parte de todo es lo que se ha difundido (unas 90 canciones). Las demás, sólo pocas personas las conocían, como el fallecido chilenero Chanta Vielma (de Pinotepa Nacional). “Así las fuimos recopilando, de gente que se las sabía y aún vive, como mi tío Pedro Salinas, que se las sabe y canta, o como una tía de Texcoco que se sabe Nené cumbé; yo la tengo registrada (la letra), pero sólo esa tía se la sabe completa”.

 

EL LÍDER ESTUDIANTIL

Mario sigue conociendo la vida de su padre, y confirmando datos como el de su liderazgo en Ayotzinapa.

“Resulta que mi papá era líder estudiantil ahí”, pues firma como secretario de organización de los estudiantes”. Eso es importante, agrega, pues da la pauta para ahondar en su desempeño, pero también en que se trataba de alguien que sabía divertirse. “Ver que en su expediente está tal expulsión por poner relajo en los cuartos es bonito”.

 

UN LIBRO ACERCA DE SU VIDA

Mario Carrillo escribe un libro en torno al centenario de su padre. En el volumen, también incluirá las anécdotas que envuelven a las canciones, algunas confirmadas por él y otras que aunque no pueden rechazarse resultan esenciales para Mario. “Yo no puedo desmentir a nadie. En cambio, puedo decir que hay dos versiones (de alguna canción), y las dos tienen el prestigio de quien las cuenta”.

En el volumen, que se trabaja a la par de un documental a cargo de Juan Carlos Landa, se incluirán datos como estos. Y es posible que también se incluya la anécdota de La mentira (Se te olvida), que Mario conoció hace poco gracias a un ingeniero que conoció a su padre.

 

SABOR A MÍ

Sabor a mí es uno de los temas icónicos de Álvaro. Fue registrado el 11 de julio de 1958 ante la Promotora Hispano Americana de Música (PHAM) y grabado en 1959. Desde entonces, ha sido recreado por figuras como Lila Downs, Luis Miguel, José José, Eydie Gormé y el trío Los Panchos, Monsieur Periné, Guadalupe Pineda, Javier Solís, Yoshiro Iroshi, Sussie 4 y Doris Day.

Mario Carrillo Incháustegui estima que son al menos 36 traducciones de Sabor a mí, entre ellas las hechas en idioma amuzgo, zapoteco, inglés, japonés, coreano, alemán, italiano, ruso, mandarín y portugués.

 

 

ENTREVISTAS CON INTÉRPRETES:

 

 

Lila Downs: “Álvaro, un gran exponente de la chilena”

La intérprete de Zapata se queda considera que la obra de Álvaro Carrillo ha sido esencial en su formación y en la de infinidad de intérpretes. Además de ser parte importante en la identidad de los oaxaqueños.

Pero la oriunda de Tlaxiaco (región Mixteca de Oaxaca), considera que aún falta conocer más de la vida de Carrillo, como el que su obra está influenciada por el jazz. “Es central en su música”, subraya, lo mismo que la música de boleros, que en los años de vida de Álvaro eran importantes en México y Latinoamérica.

En los inicios de su carrera, Lila supo de la obra de Álvaro, pero a nivel regional, recuerda. Y fue al mudarse a la ciudad de Oaxaca cuando observó que este autor tenía proyección en otros ámbitos como el nacional. En su obra, es central Pinotepa, apunta, al ser las chilenas son fundamentales en la música de baile de nuestro estado.

“Y por eso la chilena sigue siendo muy importante para mí en mis composiciones, al igual. Y creo que él junto con otros trovadores son grandes exponentes de las chilenas, pero Álvaro Carrillo las da a conocer a nivel nacional.

En temas como El andariego, Lila reconoce como un vals peruano “y todos los que andamos en la música lo notamos, esta influencia fuerte de un género sudamericano”. Ella grabó el tema con la banda del Cecam y por varios años, cuando se abría paso en El Sol y la Luna, la cantaba constantemente. “Es una bella canción”, dice, al tiempo que reconoce que no la ha incluido en un disco propio.

“Me gustan mucho los boleros de Álvaro Carrillo y mi favorito es Un poco más. Y bueno, últimamente, Seguiré mi viaje, uno de los grandes temas en mi opinión, que he cantado y que no es tan conocido”.

 

Luis Adrián: “su música está en los corazones”

Luis Adrián, conocido como el tenor de Antequera, es otro de los intérpretes oaxaqueños que ha crecido y cantado las creaciones de Álvaro Carrillo. Para él, se trata de un autor cuya trascendencia va más allá de lo geográfico.

Es muy conocido a nivel mundial y sus temas los han cantado intérpretes como Luis Miguel, “pero va más allá de eso, está en los corazones por generaciones porque su música va pasando de generación en generación, a pesar de que el bolero ya no es un género tan apreciado en estos días. Los jóvenes lo siguen escuchando y Álvaro Carrillo queda para siempre”.

El acercamiento de Luis Adrián a la vida y obra de Álvaro fue desde su niñez, gracias a que su abuelo y sus padres gustaban de la música de tríos. “Ahí aprendí a apreciar ese tipo de música”, comenta.

Entre sus temas predilectos del cantautor están: Luz de luna y Amor mío. “Álvaro Carrillo dijo que es una de sus canciones favoritas porque es su primer éxito”, externa el “tenor de Antequera”.

Luz de luna es otra de sus predilectas, y a cuyo gusto suma la anécdota contada por Mario Carrillo, quien le platicó que la compuso cuando estuvo arrestado a propósito para que se quedara a dar una serenata. “Ahí la compuso, viendo la luna desde la celda”.