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Arte y Cultura

Patricia Aridjis: La fotografía que hago tiene que ver con la empatía

En Arrullo para otros, la autora recrea las vidas de mujeres que “se mueven en dos ámbitos diametralmente opuestos”: sus casas y en las que trabajan

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FOTO: PATRICIA ARIDJIS

Ana, una joven inmigrante, le canta una canción de cuna al hijo de su adinerada patrona. Mientras su voz recita los versos, su mirada se pierde por la ventana, en dirección a la guardería donde tuvo que dejar a su bebé para poder trabajar. Su historia es ficticia, al ser uno de los 18 cortometrajes de la colección París, te amo (varios directores, 2007). Y sin embargo, retrata la realidad de infinidad de mujeres como Ana.

A la fotógrafa mexicana Patricia Aridjis, la trama del cortometraje Lejos del 16° (Loin du 16°), que ocurre en una parte de la ciudad del amor, le recuerda el motivo por el que ha desarrollado, desde 2008, Arrullo para otros. Aunque el tema sobre el trabajo doméstico ya rondaba por su cabeza hace algún tiempo.

“Más allá de la relación que tienen las nanas con los niños, hay una cuestión de clases sociales muy marcadas. Son personajes que se mueven en dos ámbitos diametralmente opuestos que son sus casas y las de donde trabajan. Ellas viven en esos dos mundos e inmersas en una burbujita porque si habitan en la casa de los patrones no gozan de todo el espacio, sino de la burbujita que es el cuarto de servicio”, relata la autora de la serie que se ha expuesto en entidades como Ciudad de México, Sonora e Hidalgo, y que por 18 años ejerció el fotoperiodismo.

En poco más de una década, ¿qué ha encontrado en las historias de las mujeres que retrata en Arrullo?
—Hay una constante en muchas de las historias. La mayoría de las mujeres son de un sector con pocos recursos económicos, de extracción humilde o indígena. Se van a trabajar desde muy pequeñas a las casas, dejan a sus familias, a sus hijos, a sus pueblos, para vivir en un entorno que no es el de ella.

Usted ha mencionado que la fotografía es como volar y en ese viaje hacer que otros vuelen al ver las imágenes.
—Lo que creo es que la fotografía es una forma de expresión, de decir lo que pensamos, lo que nos inquieta, lo que nos conturba, lo que nos gusta, lo que nos disgusta. Es una interpretación de la realidad que hacemos a través de un lente, de un equipo fotográfico. Esto, por ejemplo, de la cárcel (Las horas negras) o lo de Arrullo son situaciones que me inquietan y que de pronto plasmo lo que pienso sobre eso, a través de las imágenes. Y bueno, cada quien hace su lectura, que es lo rico de la fotografía.

¿De qué parte para decidir las temáticas de sus proyectos?
—En los últimos años, mis series han tenido que ver con la fotografía de género, la fotografía que tiene que ver con mujeres. No ha sido premeditado, pero que estoy muy sensibilizada con esos temas porque soy mujer, porque siento mucha empatía por lo que le sucede a otras mujeres. Y la fotografía que hago, que es documental, tiene que ver con tratar de ponerse en los zapatos del otro, de mirar a otro. Es empatía.

¿Qué pasa cuando no se es mujer o aun siéndolo no se es empático con este género?
—Habrá muchos fotógrafos que tengan otras maneras de expresarse y otros temas que les llamen la atención. Para mí, son los que tienen que ver con la mujer, también con cuestiones sociales. Me enoja mucho la injusticia. En México tenemos tanta tela de dónde cortar. Todo el tiempo están sucediendo cosas buenas y otras terribles.

¿No se siente tentada de volver al fotoperiodismo o cómo relaciona a este con la fotografía que hace ahora?
—Yo creo que el fotoperiodismo y la fotografía documental son como primos hermanos. Hace tiempo que dejé de hacer fotografía de prensa, que me dio muchísimo, pero ahora estoy en otros caminos que son similares, aunque más autorales. La fotografía documental es para contar historias de largo aliento; la fotografía de prensa cada vez te permite menos eso. Ahora los periódicos quieren la inmediatez, que es la característica de la fotografía de prensa, pero ya casi nadie hace foto reportajes, ya no hay tiempo ni dinero para eso.
¿A causa de los medios digitales?

—También por los medios digitales y porque cada vez la fotografía de prensa impresa ya no tiene los recursos para que la gente se vaya por semanas a hacer un foto reportaje. En cambio en la fotografía documental tienes esa posibilidad, que también cuesta porque se requiere de recursos económicos, pero puedes hacerla con tiempo, de ir una y otra vez a los lugares, de acercarte más a la gente, de conocerla más a profundidad.

¿Se ha sentido limitada por estos medios o por el auge de las redes sociales y la saturación de imágenes?
—Pues es un reto para los fotógrafos porque en el mar de imágenes que se produce diariamente de pronto se pierden las fotografías. Al otro día, todo lo que se tomó pasó a la historia y al siguiente día es otra historia. Pero ese es el reto. Tiene sus pros y sus contras la era digital.