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Gustavo López desgrana la historia de Guelatao

En su primero libro, el originario de esta comunidad serrana parte de una inquietud personal para tratar de responder lo que se ha perdido al dejar de hablar el zapoteco

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Fotos: Lisbeth Mejía Reyes y editorial Casa de las Preguntas

Desde la plática entre el editor y el autor hasta la publicación del libro pasaron tan solo tres semanas. Sin embargo, el libro de Gustavo López Mendoza (1987) se había pensado hace una década, cuando este cursaba el último año de la universidad. Él, que siempre se ha pensado parte de Guelatao de Juárez, y no solo por haber nacido ahí, cree que además de integrarse al sistema de cargos podía aportar algo más para su comunidad.

Y de una inquietud personal por aclarar sus dudas surgió su primer libro: Desgranando la historia del pueblo de Guelatao. Mito de creación, historia y leyendas, que publicó de la mano del colectivo Casa de las Preguntas.

Gustavo, egresado de ciencias de la comunicación (de la Universidad del Mar) recuerda que una de las interrogantes que quiso responderse con el libro es la de la palabra con que se nombra a su pueblo, Guelatao. Esta viene del zapoteco, un idioma que —reconoce— se ha dejado de hablar en la tierra del “Benemérito de las Américas” (Benito Juárez), pero “no tanto porque no quisiéramos, sino como (parte) de una política educativa”.

De ahí que las generaciones posteriores a la de los años 50 conocieran el significado solo por lo leído en libros escritos por personas ajenas a Guelatao y el estado, y que muchas veces eran extranjeros.

“Escribí mi versión de lo que veo, no la de los señores, que sí me basé en muchas ideas de ellos. Es una versión, a lo mejor, más juvenil, más personal o de otra generación”, ahonda el autor sobre un volumen que ya ha recibido diversidad de opiniones, pues se trata de “un pueblo chico, (y) un chisme grande”.

Desgranando la historia del pueblo de Guelatao trata de recoger algunos vestigios de lo que ha sido el territorio con algunas tumbas prehispánicas y varios elementos de la cultura zapoteca. Intenta, según describe el autor, de empezar a describir toda esa historia.

“Guelatao significa laguna mística o laguna encantada. En un enfoque más filosófico de la cultura zapoteca: lugar donde la esperanza es inmensa”.
Pero a decir de Gustavo, han existido muchas explicaciones sobre el “tao” o el “too” de ese nombre. Una de ellas es que se ha creído que se refiere a un diminutivo; es decir, que la traducción del zapoteco sería “laguna pequeña”.

Sin embargo, a través de la investigación, detalla cómo el “tao” o “too” es entendido como deidad o algo místico, y no algo pequeño. Aunque reconoce que esa interpretación de diminutivo lleva también parte del pensar de su comunidad. “A fin de cuentas, en la cosmovisión lo pequeño también es lo grande, el adentro es afuera, el arriba es abajo. Toda esta interpretación dentro de la cosmovisión indígena o zapoteca está presente”.

Ejemplo de ese pensamiento gira en torno a la laguna de Guelatao, que en estos últimos tres meses del año se asemeja a un espejo, en el que se reflejan el cielo, las estrellas, “todo el universo”, como si en algo tan pequeño estuviera todo el infinito.

En su libro, López Mendoza también retoma las leyendas de su comunidad, algunas de las cuales le han tocado vivir a él y otros habitantes, y que recuperan a sus deidades o situaciones de miedo.

“Hace tres semanas, yo no conocía el libro”, recuerda Ricardo Peralta Antiga, del colectivo editorial Casa de las Preguntas. “Fue de manera bastante fortuita”, subraya, pues la plática sobre las investigaciones de López Mendoza se dio en una caminata por Guelatao, a “medio cerro”, entre conocidos que habían coincidido en otras iniciativas, pero no sabían de sus labores en el ramo editorial o la intención del otro por publicar algo.

“De ahí, ya estamos aquí en La jícara presentando el libro de la historia de Guelatao”, agrega Gustavo, uno de los autores que compartió su obra en la reciente edición de la Feria de Ediciones Autogestivas (FEA).

 

UN TRABAJO COLECTIVO

Ricardo Peralta cuenta que “en el campo de la edición industrial, del libro basado en el capital, es muy difícil publicar en términos de textos de ciertos autores. Y uno anda con su manuscrito casi pidiendo el favor de que alguien lo publique. La postura de nosotros es inversa, pero también apuesta a un trabajo necesariamente colectivo”. Y eso es lo que se observa en obras como la de Gustavo, en donde se observa el trabajo de ambas partes en todo el proceso.

Alguien compró el papel, una persona más armó las pastas, alguien hizo los dispositivos para las serigrafías. Así, el libro se imprimió, cortó y cosió a mano entre todos, en un proceso en el que incluso hubo que imprimir nuevos ejemplares, pues los primeros se agotaron en la comunidad y ya no había para la presentación.

“Al momento de estar imprimiendo un libro, te da tiempo para platicar con el otro, qué haces, cómo te ha ido… te da la pausa que no te da el libro industrial”, ahonda Ricardo. Algo que para muchos significaría la pérdida de tiempo, para ellos representa el goce de hacer libros por el gusto que genera el proceso de un libro artesanal, en el que lo mismo se puede compartir un café o varios mezcales.

Para la editorial, otra de las apuestas es que la gente de las comunidades no dependa de personas externas para publicar lo que necesite y quiera. Sino que lo haga bajo los términos que la misma comunidad establezca. “Que la gente se vuelva autónoma y puedan publicar niños o adultos” y se genere mayor autonomía.