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Arte y Cultura

Shari Mason: “El arte no tiene género”

La violinista mexicana, concertino de la Sinfónica Nacional, inaugura la segunda temporada de conciertos de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca, este 11 de octubre

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La última vez que la violinista mexicana Shari Mason tocó en Oaxaca fue hace aproximadamente 12 años. Junto a Capella Puebla, el recital de aquella ocasión, en el exconvento de Santo Domingo de Guzmán, lo dirigió el flautista Horacio Franco. “Habremos hecho un programa de música barroca. No me acuerdo exactamente qué tocamos, pero sí que era una orquesta muy linda, de gran nivel, con colegas increíbles. Fue un concierto inolvidable”, señala la concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional de México y de la Sinfónica de Minería. La misma que junto al director huésped José Luis Castillo inaugura la segunda temporada de conciertos de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca (OSO).

Mason ama la música, pero también guarda un gusto especial por la literatura y la arquitectura. Las novelas de Gabriel García Márquez y los poemas de Jaime Sabines y Mario Benedetti están tan presentes en su vida como las obras de Bach, Beethoven o Tchaikovski. Y esa pasión con que toca el violín, previo a su ensayo con la orquesta, se mantiene en sus palabras, en lo gestos con que responde a esta entrevista.

En este año ha tocado con la Orquesta de Cámara de Bellas Artes y la Sinfónica de Yucatán, ¿qué diferencias encuentra con lo que tocará este fin de semana junto a la OSO?

El repertorio es completamente distinto porque con la de Cámara de Bellas Artes toqué la Serenata para violín, cuerdas, arpa y percusión, de Bernstein, y en Yucatán el Concierto para Violín, de Tchaikovski. Posteriormente, con la Sinfónica de Minería y Sinfónica Nacional, el Concierto para violín, de Beethoven. En esta ocasión me toca interpretar el Concierto para violín y orquesta, de Serguéi Prokófiev, que si bien es parte del repertorio como Beethoven o Tchaikovski, tiene una atmósfera distinta a lo que podrían crear ellos o Brahms. Es un concierto con muchísimos colores y contrastes, con muchísima fantasía.
Y pienso que cada uno con retos propios, independientemente de su trayectoria…

Por supuesto. Todas las obras son diferentes. Cada lenguaje, cada etapa, cada compositor de determinado periodo es un reto muy diferente. Nunca será lo mismo y ninguno será más fácil o difícil.

¿Alguna vez se ha planteado que su vida lleve, como en una película, una banda sonora?

Creo que la obra que estoy tocando en ese momento tiene un significado especial, siempre toma un papel protagónico en el momento que estoy viviendo. Y eso pasa con el concierto de Prokófiev. Sin embargo, hay obras que siempre están en tu vida y que tienes muy cercanas al corazón. Este concierto es uno que quiero muchísimo. Y una anécdota curiosa es que cuando regresé de hacer la maestría en Indiana (EE UU) fue el primero que toqué como solista en México, y con el director con quien lo toqué fue precisamente con José Luis Castillo. Entonces nos encontramos 10 años después haciendo el mismo concierto. Otra es la cuarta Sinfonía de Brahms es una obra que la primera vez que la escuché me volvió loca y con la cual me he obsesionado ¡Vaya, Beethoven! Es que hay tantísimas obras, que es difícil escoger. Las sonatas y partitas de Bach. Todo Bach.

Pero así como la música, usted gusta mucho de la literatura y la arquitectura…
Me gusta mucho la relación que existe entre las artes. La música siempre ha ido un poquito atrás en las corrientes artísticas. Siempre llega como al final de las otras artes. Entonces las otras artes tienen una influencia enorme en la música.

En la literatura le gusta Gabriel García Márquez…
Me gusta mucho, me encanta en lo coloquial… Es un lenguaje tan inclusivo, tan folclórico en el mejor de los sentidos. Tan auténtico. Es un escritor que me atrapa, que empiezo a leerlo y no puedo parar.
¿Hay otros autores que le gusten tanto?
Por supuesto. Me gusta mucho la poesía y hay momentos en los que están presentes los trabajos de Jaime Sabines o Mario Benedetti. En muchas ocasiones me voy por esos géneros.

¿Pero influyen en su manera de interpretar la música?
Todo lo que uno va viviendo como artista influye. El leer, el ver, el ir a un museo, el ver pinturas. Personalmente, Prokófiev me parece que tienen mucho de realismo mágico. Y esta corriente literaria la veo reflejada en su música. Toda esta fantasía la veo y escucho en él. Y no puedo evitar esa relación. Pero también, si te pones a ver una catedral y (ves) lo que Bach tenía en mente cuando escribió muchas de sus obras; los órganos, la sonoridad, la arquitectura del lugar. Toda esa influencia que hay entre las artes.

Usted comenzó a tocar el violín a los tres años, pero también tocaba el piano, un instrumento distinto al de sus hermanos.
Estudié piano durante varios años, pero nunca fui buena para el piano. No era lo mío, pero el violín, sí. El violín siempre me llamó la atención.

¿Tuvo que ver que sus hermanos ejecutaran este instrumento?

Creo que sí. Probablemente fue envidia de por qué ellos están tocando violín y yo no; ¿porque soy la más chica? No me parece justo. Entonces, yo siempre peleando por mis derechos. Y fui a decirle a mi madre. En esa lucha me decían que estaba muy chica, pero yo tenía tal convicción que el maestro difícilmente me pudo decir que no. Y así empecé.
¿Piensa en la insistencia como algo para mantenerse en este arte y lo relaciona o no con los movimientos de lucha de las mujeres?

Personalmente, lo veo diferente porque la lucha de género es y seguirá siendo muy importante. Hay un camino muy largo por recorrer todavía mundialmente; aunque quizá en algunos aspectos, más en nuestro país. Sin embargo, no creo que el arte tenga género. Independientemente de si eres hombre o mujer, un ser humano crea. Y eso viene desde el alma, no tiene nada que ver con el género o con las injusticias sociales. Que todo esto influye, por supuesto. Tus condiciones diarias de vida influyen en lo que tienes que decir o el arte que vas a crear.

En meses recientes se ha hablado del Me too, como una serie de denuncias sobre acosos en las artes, incluida la música.
Creo que eso es algo que siempre ha existido. Sin embargo, ha habido un olvido y una crítica social muy fuerte por lo que no se decía, por lo que tenías que aceptar y se decía que no pasaba nada. Para mí, es también en detrimento de la mujer y del arte. Afortunadamente, no es una cuestión general, pero existe en la gente el mito de que si no tuviste una relación con una persona de poder, siendo mujer, no puedes llegar a donde estás o a un puesto importante. Y eso es falso. Que se dio o se sigue dando, es posible, pero va en detrimento a tu labor y del ser humano. Es un ataque pensar que no puedes lograr algo por algún favor personal. El arte no tiene género, no tienen que ver tu vida y relaciones personales con el lugar al que puedes llegar y lo que puedes ofrecer como artista.

 

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