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El rostro de las dictadoras

Parte 2/2

El rostro de las dictadoras | El Imparcial de Oaxaca
Foto: Internet

Continuando con el tema de la semana pasada, hoy concluiremos la lista de las esposas de los protagonistas de las dictaduras totalitarias europeas del siglo XX, recordando que ellas no son las mujeres que están detrás de Hitler, Stalin, Mussolini y Franco, sino las compañeras que supieron compartir su vida con estos sangrientos personajes. En la edición pasada analizamos la vida de Eva Braun (alemana) y Carmen Polo (española), ahora nos iremos a Italia y Rusia para conocer la vida de nuestras protagonistas, las mujeres de los dictadores.

Comencemos con el duce de Italia, un hombre mujeriego y machista, obsesionado con ser el César del siglo XX, él a diferencia de los demás dictadores fue el que más amantes tuvo, incluso se ha llegado a decir que era adicto al sexo, se sabe que era muy buscados por las mujeres: jóvenes, maduras, casadas, solteras, italianas, extranjeras, burguesas y de cualquier clase social, el Duce como era también conocido este líder fascista compartió intimidad con una gran cantidad de mujeres a las que se sabe recibía en su oficina o su habitación privada dependiendo el grado de importancia de cada damisela.

Un hombre de pensamiento arcaico y cerrado que no veía a la mujer más que por sus órganos sexuales. Desgraciadamente, la mentalidad de Mussolini —quien curiosamente lleva por nombre Benito en honor al Benemérito de las Américas— refleja el pensamiento de la Italia del siglo pasado, una sociedad en que ser mujer era difícil, en que no se les tomaba enserio y eran de mala manera predestinadas a satisfacer necesidades sexuales o para procrear hijos, esta última debía de ser callada, sumisa, no criticar al marido y dedicarse de lleno a sus hijos. Afortunadamente, hoy en día los movimientos sociales y los tiempos han cambiado en gran medida la mentalidad hacia la mujer.

En este atroz contexto fueron muchas las que estuvieron cerca del duce, mencionamos a Irene Dalser (1880-1937) primera esposa de Mussolini con la que procreó un hijo de nombre Benito Albino, el matrimonio estuvo lleno de infidelidades y por acuerdo mutuo se mantuvo estable; sin embargo, en 1915 Mussolini parte a la guerra a combatir en el frente y abandona a Ida Irene, ese mismo año conoce a Rachele Guidi (1890-1979) con quien se casa por lo civil. Ella fue una mujer preocupada por la apariencia social y con mentalidad tradicionalista, fue también ama de casa, madre y manipuladora, tras casarse con Mussolini buscó la forma de deshacerse de Ida, obligando a que el futuro Duce tomara la decisión de enviarla a un manicomio —sí, así de cruel fue este hombre.

Rachele fue una mujer dura que mantuvo una relación permisiva y complicada con Benito con quien procreó cinco hijos, ella le permitió tener amantes a diestra y siniestra sin preocuparle en lo más mínimo pues decía “yo soy la esposa oficial” y efectivamente supo ocupar bien su lugar cuidando de sus intereses por encima de todo, por lo que su hija Edda llegó a decir “el verdadero dictador de la familia es mi madre”, aun así a pesar de lo segura que se sentía Rachele mencionó “de todas las mujeres de mi marido las que me han hecho daño son Ida Dalser, Margherita y la Petacci”.

Hablemos ahora de Margherita Sarfatti (1880-1961) una mujer periodista, educada, refinada y culta a la que Mussolini debe mucho de lo que logró ser, ella fue una de las principales educadoras del Duce, ellos fueron amantes durante 18 años, ella era amante del poder y se rodeó de lo mejor de la intelectualidad y la política europea; por ello, ayudó fervientemente a los cometidos de Mussolini; sin embargo, sus diferencias de pensamiento los fueron separando poco a poco, a finales de la década de los 30 con la entrada en vigor de las leyes antisemitas se exilió a Uruguay y tras finalizar la dictadura regresó a su país dejando muy atrás su historia personal con el dictador, quien llegó a expresar que Margherita era de las pocas mujeres con valor más allá de lo sexual que él conocía.

Y ahora llegamos con la más peculiar de todas las amantes de Mussolini, con la más entregada, la más joven, la que lo idolatraba, la que lo acompañó en la muerte y en la humillación: Clara Petacci, hija de una familia fanática del fascismo, ella creció viendo a Mussolini como su héroe y el día que se encontraron por primera vez se cumplió el sueño dorado de la joven Petacci. Ella fue tomando poco a poco un papel preponderante en la vida del dictador y lo acompañó hasta la tumba el día que él fue ejecutado y sus cuerpos fueron exhibidos públicamente como escarmiento social.

En cuanto a Stalin, él fue un hombre atroz y sus mujeres pagaron con su vida y el sufrimiento el carácter del dictador, un hombre que poco confiaba en las personas y mandó a ejecutar a todo aquel del que desconfiaba sin importar que fueran de su propia sangre, Nadezhda Alliluyeva, su segunda esposa se suicidó por no soportar vivir al lado de Stalin y él llegó a pronunciar que con su muerte también se iba la poca humanidad que le quedaba, las mujeres fueron preponderantes en su vida aunque él las hizo sufrir y las atormentó con sus acciones

Si bien, estas mujeres sufrieron al lado de estos hombres como lo han hecho muchas a lo largo de la historia, pudieron jugar el juego, ser esposas, amantes, madres, consejeras, intercesoras y dictadoras de sus maridos: “los dictadores”.