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El Cecam, una escuela de música entre las montañas de Oaxaca

El Cecam es un espacio para la promoción, difusión y fortalecimiento de las bandas filarmónicas de los pueblos indígenas de esta región y de otras partes del estado

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Entre las montañas de la región Sierra Norte, en una parte conocida como sierra mixe, la música recorre cada rincón y cada ocasión. Una tarde de abril, el cortejo fúnebre se dirige al camposanto y, entre flores, rostros afligidos, está la música.

Es Santa María Tlahuitoltepec y un grupo de intérpretes acompaña al fallecido a su última morada, una en la que, al parecer, no faltarán las melodías. A tan solo unos metros del cementerio municipal está el Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (Cecam). La escuela fue creada en noviembre de 1977, como parte de un programa federal para promover las actividades artísticas y culturales del “pueblo de México”.

En el caso de la sierra mixe, la iniciativa impulsada por el extinto Instituto Nacional Indigenista (INI) y el Fondo Nacional para las Actividades Sociales (Fonapas) se concretó en el Cecam, un espacio para la promoción, difusión y fortalecimiento de las bandas filarmónicas de los pueblos indígenas de esta región y de otras partes del estado.

A más de 40 años, su alcance ha llegado a otras partes del estado e incluso del país, con egresados que muchas de las veces siguen la tradición musical de los pueblos, aquella que cobrara auge en el siglo XIX, con las bandas que tuvieron sus antecedentes en las capillas de viento de las parroquias. Otros, como Concepción Hernández y Leticia Gallardo, siguen su formación en otras instituciones y orquestas, como la del Instituto Politécnico Nacional, en el caso de la primera, o creando y dirigiendo la banda filarmónica Mujeres del Viento Florido, en el caso de la segunda.

Gallardo incluso ha señalado al Cecam como un parteaguas para que las mujeres se dedicaran a una disciplina considerada exclusiva de hombres.
Pero de la parte gubernamental, la que dio pie a la creación del Cecam, poco o nada se ha tenido. La misma escuela lo señala en su descripción como centro de educación musical indígena “autónomo en su organización, operación y planes de estudios, con apoyo eventual y aislado por parte de las instituciones gubernamentales estatales y federales”.

Hugo Guzmán Antonio, administrador del Cecam, refiere que la participación del Gobierno del Estado empieza en el año 2017, cuando se firma su decreto de creación. De la Federación, abunda, el apoyo se ha tenido desde 2005. Sin embargo, desde 2017, un decreto marca que ambos órdenes de gobierno participan con porcentajes del 60 (federal) y 40.

Hasta antes de eso, el Cecam ha sobrevivido con recursos internos, con participaciones porcentuales, aportaciones y donaciones. El ayuntamiento municipal ha colaborado con el centro en algunas ocasiones. El año pasado, por ejemplo, comenzó la edificación del nuevo inmueble de la dirección (que desde hace unos años, a causa del deterioro de sus instalaciones, se reubicó). Sin embargo, aún falta dialogar con la actual administración municipal, de si se continuará lo de su predecesora.

LA EDUCACIÓN

En el centro escolar se forman actualmente 262 estudiantes de diversas regiones del estado. “Estamos más o menos, no digo que bien, necesitamos más personal”, apunta Guzmán Antonio sobre una necesidad que ha hecho que varios profesores estén “cargados de trabajo” y que por ello no puedan preparar mejor sus clases.

“Pensamos que con el decreto pueda mejorar la parte del recurso y con eso se puedan contratar más maestros”, se dice confiado el administrador del centro que desde enero de este año dirige Aristeo Vásquez Martínez y en el que se estudia entonación, solfeo, contrapunto, dictado, dirección de bandas, arreglos, entre otras clases.

CARENCIA O DETERIORO DE INSTRUMENTOS MERMAN APRENDIZAJE

María Luis Pérez, encargada del área de control escolar refiere que a la par de personal, una de las carencias constantes ha sido la de instrumentos. Aunque desde sus inicios ha sido el Cecam el que proporciona este material a sus estudiantes, el deterioro de los mismos y el número de alumnos ha hecho que estos tengan que ser compartidos o tengan solo para aprender sus partes, y no tanto para ensayar o tocar en las presentaciones.

En algunas ocasiones recibieron apoyos de parte del desaparecido Instituto Nacional Indigenista, explica. “Pero como todo ha cambiado, ha sido muy difícil. El gobierno ya no apoya mucho para la compra de instrumentos musicales, estos están en muy mal estado. Sin embargo, los muchachos con eso practican. Algunos, muy pocos de los instrumentos, están en buen estado”

Generalmente, los instrumentos “que están funcionando más o menos” se destinan para la banda avanzada (oficial); los que están algo deteriorados, para la intermedia. Los más deteriorados se dan a quienes están aprendiendo cuestiones básicas de la música.
La adquisición de instrumentos, agrega, se hace, pero bajo proyectos o con el recurso que se va recabando con las aportaciones al centro. Así, se han hecho de algunas tubas.

Por ello, la originaria de Tlahuitoltepec y que ha estado en otras áreas del Cecam señala que se ha aconsejado a los estudiantes para que compren o consigan sus propios instrumentos si realmente quieren avanzar, pues con los de la escuela será más tardado. Esta recomendación ha hecho que de unos años a la fecha haya quienes ya acuden con material propio.

“Los que realmente quieren avanzar, que vinieron a lo que vinieron, están ensayando a las 11:00 de la noche o a las 5:00 de la mañana”, explica.

EL ALBERGUE Y LA ALIMENTACIÓN

Como otros centros escolares del estado (por ejemplo, el Centro de Integración Social), el Cecam cuenta con un albergue donde las actividades comienzan desde muy temprano, casi al alba. En él se atiende a un promedio de 100 becados, quienes reciben alimentación y hospedaje. Para ello, el ahora Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, INPI, (antes Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, CDI) proporciona productos como verduras, frutas, harina de maíz y otros. Ello permite sostener la alimentación de lunes a viernes, un promedio de 16 o 18 días hábiles por mes.

El apoyo se torna insuficiente si se considera que por la lejanía de sus comunidades de origen los estudiantes permanecen toda la semana. Por ello, para los días que no cubre lo dado por el INPI, los alumnos tienen que aportar recursos propios.

Por el momento, como explica el administrador, no se han planteado solicitar apoyos a otras instancias, pues aún se espera que esto se contemple en los recursos para la operación anual.

LAS BANDAS SE SUMAN A LA GOZONA

Con un repertorio casi en su totalidad conformado por música tradicional, especialmente los sones de la región, el Cecam ha conformado dos bandas filarmónicas. Una oficial o avanzada y otra intermedia. Ambas participan en presentaciones para las que son invitadas en el estado y otras partes del país. En varias de ellas, les ha tocado representar a la comunidad.

En los primeros días de abril, la banda intermedia acudió a Zochitlán, Morelos, mientras que la oficial se presentó en las festividades de Zacatepec, como parte de una gozona, que consiste en una especie de colaboración, en la que primero la banda del Cecam va a Zacatepec y la de Zacatepec viene a Santa María Tlahuitoltepec. En estos casos, las bandas se presentan en nombre del municipio del que provienen.

Se trata, como explica el etnomusicólogo Sergio Navarrete Pellicer, de un gesto de amistad y de colaboración entre pueblos que, a la vez, se convierte en “un acto político: yo te ayudo, pero tú me ayudas”.

Este gesto, la participación de la banda, se relaciona con uno de sus ejes, el de fortalecer la tradición musical de las comunidades de donde provienen o en la que se forman sus estudiantes, y en la que la música es parte lo mismo de un bautizo, una boda, una fiesta patronal o un funeral.