La Maroma, esencia teatral de la Mixteca de Oaxaca |
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La Maroma, esencia teatral de la Mixteca de Oaxaca

La maroma es disfrutada por todos los asistentes.

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En el corazón de la Mixteca oaxaqueña, esencia de la patria mexicana, gozaron del baile, tanto sobre las cuerdas como a flor de tierra del ‘rabanito’ payaso pueblerino, artista natural del indigenismo mexicano, entre chistes colorados y acrobacias entre los barrotes y columpios reileteándose los jóvenes maromas, que cientos de miles de almas disfrutaron durante las festividades de los pueblos indígenas de esta zona de Oaxaca.

El escenario natural rural se vistió de gala, de luces, además del intenso calor humano, cuando sobre las cuerdas de ixtle, pendientes de morillos, cuya construcción fue hecha por los propios artistas pueblerinos, bailaron, brindo de gozo los maromas que cuyo dominio acrobático sobre las cuerdas es algo excepcional de los artistas rurales de la provincia mexicana. Es, sin duda, un rescate histórico cultural, de mucho valor intangible que viene realizando la oficina regional de Culturas Populares a cargo de Guillermo Círigo Villagómez.

TEATRO TRADICIONAL

El suelo mixteco se cubrió de gloria al contemplar la riqueza de la cultura tradicional tangible e intangible de la Mixteca, tanto los propios como visitantes procedentes de la Unión Americana, de Veracruz, Ciudad de México, Puebla, Guerrero, se deleitaron con el teatro tradicional de los pueblos indígenas, saborearon el sano chiste y malhabladas que expresaron en ocasiones picantes, otros en broma, por los enigmáticos ‘Payasos’, alma y esencia del teatro tradicional de la gran nación mixteca.

Conglomerados en el cuadro artístico los acróbatas empíricos conocidos como ‘Maroma’, que una gama de pulcros jóvenes realizan marometas, tanto sobre cuerdas como en una barra haciendo piruetas en lo alto de los postes sostenidos por mecates.

Al mismo tiempo, otros se cuelgan de altos y largos columpios, realizando una diversidad de habilidades artísticas, demostrando con ello su capacidad del arte de la ‘Maroma’.

De multicolor y llamativas vestimentas, en la pista natural, bailan, ríen a carcajadas, lloran, cantan de alegría, dolor y tristeza, un puñados de hombrecillos, con el rostro cubierto de maquillaje, grande nariz de bola, al tiempo que sollozan por tanta crueldad entre hermanos, cuando los humanos no se comprenden, porque unos cuantos lo tienen todo, todo derrochan sin miramientos ni contemplaciones.

Mientras que otros enterrados en vida, viven en miserias, pobreza, hambre y sed de justicia, de fe y devoción, de amor y desamor, crueldades que calan en la miserable humanidad de hombres del campo; cuando los de arriba viven en opulencias, mientras que los gobernantes viven como dioses, reyes y virreyes en grandes palacios, magnates en gigantescas mansiones, a expensas de los de abajo; cuando los rurales se mueren de hambre, se desenvuelve en sus miserias, son mensajes subliminales que van tejiendo en su decir, contarlos como chistes que hace al público espectador, soltar a boca jarro sus grandes carcajadas, pero el corazón y la conciencia siente y reaviva su realidad en miserables condiciones de vida de los de abajo.

MAROMAS Y ACROBACIAS

En este tenor Alfonso Jiménez, payaso ‘Rabanito’, calentó el escenario, en el mejor momento que el respetable público disfrutó a lo máximo las actuaciones de circo rural, porque aún prevaleció la luz del astro rey, que sin duda alguna también se llenó de gozo, por el rescate de la cultura autóctona de la gran nación mixteca.

Payasos y maromas, realizaron sus actividades de acrobacia no solo a flor de suelo, sino que volaron sobre la cuerda tendida a cinco metros de altura, sostenida de un par de morillos cruzados entre sí, el artista pueblerino llevaba entre sus manos una garrocha para el equilibrio, barra que sirve de apoyo al caminar y volar sobre las cuerdas; sin embargo, demostraron sagacidad y profesionalismo, que van adquiriendo a través de un entrenamiento continuo y permanente.

LOS RIESGOS

Aun así, en múltiples ocasiones perdieron equilibrio por nerviosismo y cansancio porque no es fácil soportar peso y altura, además de la presión de un público exigente que aplaudía y gritaba de gozo, payasos y maromas se colgaron de las cuerdas cuando estuvieron al alcance, unos; mientras que otros, besaron suelo, cayeron a tierra firme, como ocurrió con el enigmático payaso ‘Pancholín’ tuétano del payaso mixteco, que un leve viento hizo a que perdiera altura, concentración y equilibrio, se golpeó en sus partes nobles con la cuerda, para enseguida fue derribado, es el precio más que riesgo a que se expone cada actor con tal de dejar satisfecho a su público, que lo premia con sendos y prolongados aplausos, el precio de la fama de ser artista rural, del circo o de la carpa pueblerina.

Entrada la madrugada ya con escasa luz eléctrica, culminó la actuación de ‘La Maroma’, teatro o circo pueblerino caracterizado como esencia cultural de la Mixteca oaxaqueña.