Ojalá fuera uno más sabio: Francisco Toledo | Arte y Cultura
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Ojalá fuera uno más sabio: Francisco Toledo

El próximo 17 de julio, el artista, activista y promotor cultural cumple 77 años y se dice consciente de que “uno llega como llega a esta edad y no hay nada que hacer”

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Oaxaca de Juárez, Oaxaca

“Usted dedíquese a la foto”, le dijo el muralista Arturo García Bustos a Francisco Toledo (Juchitán de Zaragoza, 1940) cuando éste —allá por los años 50 del siglo pasado— le mostró lo logrado con su cámara. En aquel tiempo, el fundador del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo estudiaba en la escuela de Bellas Artes, a la par que la secundaria.

Sin embargo, Toledo hizo nulo caso a su profesor y siguió por el camino de la gráfica, que lo llevaría a convertirse en uno de los artistas vivos cuya obra es de las mejores cotizadas.

La “rebeldía” del artista y promotor cultural se percibe en varios momentos de su vida, como cuando llegó a Oaxaca a los 13 años (antes, vivía en el sur de Veracruz) para estudiar.

“Yo siempre estaba grabando. No estudiaba ni presentaba exámenes. Y como no avanzaba en la secundaria, mi familia decidió moverme a México para que estudiara un poco más”, le cuenta en una entrevista el creador del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) a Daniel Brena, director de otro de los recintos impulsados por él, el Centro de la Artes de San Agustín (CaSa).

El plan de estudios —recuerda— era distinto en la capital del país y “todo lo que había estudiado no me sirvió y me regresaron otra vez a primero, y ya no me gustó tanto. Bueno, nunca me gustó”. Así, decidió seguir en el grabado; buscó el Taller de Gráfica Popular y no lo halló, quiso inscribirse a La Esmeralda, pero ya se habían cerrado las inscripciones. Finalmente, fue a dar a la Ciudadela, donde se encontró nuevamente con su maestro Arturo García Bustos, quien daba clases de grabado.

“Pero yo lo evité”, le dice Toledo a Brena en la entrevista que acompaña la exposición de gráfica que comparte en el CaSa desde hace varias semanas.

Prefirió las clases de litografía, donde tuvo como maestros a Francisco Castelar y Francisco Dosamantes. De los tres Franciscos, el alumno hizo trabajos con cierta modernidad que a los docentes no gustaba del todo, pero que tuvieron que “soportar” por tener a un único aprendiz.

“Yo agarraba las piedras, las limpiaba, las graneaba, dibujaba, imprimía. Todo mal. Pero me dio libertad”, externa.

Sin miedo y con una gran producción que gustó al galerista Antonio Souza, Toledo fue aconsejado para ir a Europa y conocer museos. Para ello, Souza le dio dos cartas de recomendación dirigidas a Rufino Tamayo y Octavio Paz.

Así empezó la trayectoria del artista, próximo a cumplir 77 años de edad y que en 1960 saliera de su país para abrirse camino y cuya rebeldía lo llevaría a luchar no sólo en el arte, sino en otras áreas que han hecho de él un ícono de protesta en México y el mundo.

Una revoltura de todo

En mayo de este año, el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1998) decía que se percibía como una revoltura de sus facetas, pues lo miso era promotor cultural que artista y defensor de varias luchas (por la soberanía alimentaria, por el patrimonio natural y cultural, por los normalistas de Ayotzinapa, por las lenguas indígenas, entre otros temas). Además de ser un hombre sin voluntad al que las cosas le han salido “accidentalmente”.

“No soy un hombre de voluntad que diga: voy a París y quiero triunfar, voy a Nueva York a triunfar y estar en la mejor galería”, así se ha descrito quien en septiembre de 2015 quiso instituir un premio a la “sordera de los políticos”.

En tono de broma, dijo recientemente que si algo quería cambiar eran las canas.

“Uno llega como llega a esta edad y no hay nada que hacer. Ojalá fuera uno más sabio, pero aprende uno a través del tiempo con los errores y en la pintura creo que es un mundo muy cerrado, entonces no tengo ni veo muchas salidas. Sí hay repetición, un poco de variantes, pero lo veo con sus límites”, pues “todo lo que ya pintó atrás está presente en uno”.

De las luchas, Toledo se considera como alguien a quien le preocupa la injusticia, el miedo, la inseguridad, lo que le pasa a los compañeros periodistas cuando no se “alinean”, pero que del lado de la promoción cultural le gustaría ver que las instituciones continúen y sean sólidas, para que cuando él no esté sigan la labor.

“Mover la cultura cuesta y no estando yo…”, contó quien en 2015 donó a uno de sus “hijos” (el IAGO) al Instituto Nacional de Bellas Artes, en vista de que “hay que prepararse para dejar lo que se ha ido formando”.

Toledo, el que se percibe sin convicciones ni ideología, pero apartidista, ha dicho que lo suyo en las luchas es “decir algo que coincidimos un grupo que está mal y hablar de ese tema”. Y aunque ha abanderado varias luchas, es consciente de que esas protestas no le llevarán a ningún lado.

“No voy a ser diputado, no quiero tener un puesto… A Siqueiros y Rivera, el Partido Comunista los apoyaba, viajaban… estaban ligados a un partido internacional. Y yo, con ProOax, ¿a dónde voy?”, decía en mayo de este año.

Conocer a Toledo a través de su obra (y la de otros)

En mayo, Francisco Toledo tuvo una exposición de 120 obras, entre pinturas y esculturas donde el protagonista era él, pero en diferentes etapas de su vida y facetas.

Naa Pia’ (Yo mismo, en zapoteco) era el nombre de la muestra en la que Guillermo Santos, autor del texto de sala, indagaba en ¿cuántos rostros puede tener o poseer un hombre? y que respondía con que podían ser tantos como instantes o segundos contenga el tiempo de su vida.

“Los 77 años de Toledo, los 28 mil 105 días en que la Tierra ha dado la vuelta sobre sí misma y que el autor ha atestiguado, le sirven para introducir un gesto que no carece de ironía: pintarse como un trompo, como un juguete del tiempo que no ha podido permanecer un instante quieto”, indicaba Santos.

Además que se trata de un artista con luchas muy actuales.

Si bien, la muestra autobiográfica ya no está en el IAGO, aún es posible adentrarse en la vida del artista por medio de las obras que se exhiben en el CaSa y a través de las cuales se percibe otra faceta de él, la de coleccionista.

Gráfica Toledo es el nombre de la exposición que reúne cerca de 45 años de coleccionismo del artista, quien confiesa que su interés en tener obras de otros fue a partir de la creación de la Casa de la Cultura de Juchitán.

Desde el pasado 28 de mayo, alrededor de 200 piezas, la mayoría grabados, permiten conocer parte de la trayectoria del artista plástico, donde se narran sus inicios en el arte, sus viajes por Europa (a través de Italia, Francia y Noruega).

Así, por medio de cada grabado, se pueden conocer episodios de la vida de Francisco Toledo y su relación con cada autor de las piezas que la integran.

 

Para saber

Francisco Toledo (Francisco Benjamín López Toledo) nació el 17 de julio de 1940. Es el cuarto de siete hijos de Francisco López Orozco y Florencia Toledo Nolasco.

Es considerado el artista plástico vivo contemporáneo más importante de México.

Fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en área de Bellas Artes el 15 de diciembre de 1998.

Su compromiso social y por la naturaleza se ha hecho factible a través de diversas iniciativas y proyectos:

Fundador del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO)

Promovió, junto a otros artistas de la época, la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO).

También impulsó la creación del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo.

Impulsó la restauración del monasterio donde funciona actualmente el Centro Cultural Santo Domingo, y que en una de sus áreas alberga el Jardín Etnobotánico.

Creó el Centro de la Artes de San Agustín, en el año 2006, en un edificio que antes fue una fábrica de hilados.

Fundó el Patronato para la Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Oaxaca, A.C (Pro-Oax).

También es fundador de Ediciones Toledo.

 

3 para 80 y “viejo”

 

“Yo pensé que a esta edad se llegaba con cierta sabiduría, pero no”, externa el artista Francisco Toledo frente a reporteros de diversos medios que han ido al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca para conocer los nuevos materiales en zapoteco editados por el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa).

Días antes de su cumpleaños, cuando por lo general opta por dejarse ver muy poco, o prácticamente nada, el artista llega al patio de la que fuera su casa y ahora es una de las más amplias bibliotecas especializadas en artes.

Bajo la sombra de la bugambilia, pasado ya el mediodía y tras la conferencia de prensa que reunió a figuras de la cultura como Víctor Cata, Natalia Toledo y Daniel Brena, varios reporteros aguardan para obtener alguna declaración del artista.

Que si va a participar en una subasta de arte, cómo va a celebrar su cumpleaños, que si le duele México o de qué manera se describiría, son algunas de las curiosidades que responde con frases cortas, gestos o sólo una palabra.

Por momentos, Francisco Toledo cambia de lugar y en vez de responder las preguntas prefiere hacerlas o disculparse por tener que responder una llamada a su celular.

Pero vuelve para responder si seguirá promoviendo la cultura:

“Ya con eso es suficiente trabajo, ya descanso; lo que ya se hizo hay que seguirlo alimentando: más libros, más cine, más discos, más música, eventos”.

“Ya cerca de los 80”, le recuerda alguien sobre su cumpleaños 77, a lo que él prefiere decir “ya tres para los 80” y que remataría con “viejo, ya”, ante la petición de describirse con tres palabras, lo que halla muy difícil.

De la situación de Oaxaca por la acumulación de basura, dice que “en la esquina ya hay un buen paquete” y que “con la Guelaguetza, va a ver cuántos kilos de basura va a haber, de plásticos, de botellas, todo lo que usted quiera”.

 

 

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