Celeste Santiago: vida entre maderas y colores
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Celeste Santiago: vida entre maderas y colores

La joven artesana de San Antonio Arrazola confía en que la juventud se interese en las tradiciones de sus pueblos, como lo ha hecho ella con los llamados “alebrijes”

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Desde los tres años de edad, María Celeste Santiago Sosa contemplaba cómo las manos de sus padres, Sergio Santiago Ibáñez y Lucila Sosa Luría, daban forma a la madera de copal y la convertían en animales multicolores. Las grecas y códices que evocan a la cultura zapoteca, aquella de la cual queda la zona arqueológica de Monte Albán, han sido muy comunes en su imaginario desde esos años, aunque su contacto con las tallas de madera (comúnmente conocidas como alebrijes) se da desde el vientre materno.

Su padre dice que el sonido del machete o los colores han acompañado toda la vida a la que ahora tiene 15 años. “De repente empecé a plasmar en los pedacitos de copal, y con la pintura de mi mamá comencé a hacer mis manchas, lo que sentía en ese momento”, rememora la joven sobre su infancia entre el copal y las pinturas.

Celeste es originaria de San Antonio Arrazola, Santa Cruz Xoxocotlán, en la región Valles Centrales al que llegó su bisabuelo, Pascual Santiago para trabajar en la exhacienda donde se procesaba la caña y que dio origen a la población. A las faldas de Monte Albán, donde este tallaba la madera para crear los juguetes de sus nietos, está el taller familiar, que también colinda con la exhacienda, ahora en ruinas.

DESDE LA CUNA

En el taller, la artesana de 15 años y estudiante de preparatoria aprendió a pintar y diseñar sus propias figuras, primero como manchas en restos de madera y luego en formas más elaboradas, con símbolos de la cultura de la que desciende, la zapoteca. Cajas y figuras de animales han sido las creaciones que más han caracterizado un trabajo que realiza en sus tiempos libres, pero que desea continuar a la par de sus estudios. “Tal vez estudie una carrera que involucre la cultura; el diseño, podría ser. (Pero) sin dejar esto, sino seguir llevándolo, más entre los jóvenes”, confiesa sobre su esperanza porque personas como ella mantengan sus tradiciones y eso les dé el impulso para destacar.

Los textiles, así como gorras y tenis, se han convertido en otros lienzos donde, desde hace unos tres años, la joven artesana plasma sus diseños.

MONTE ALBÁN, INSPIRACIÓN

El padre de Celeste dice que Monte Albán es parte de la inspiración que se observa en las tallas de madera de Arrazola, y que ha dado la vuelta al mundo, además de seguir en el gusto de las nuevas generaciones, como en el caso de su hija, quien además comparte sus saberes con jóvenes de su edad, algunos menores o mayores, incluso con adultos.

Estas interacciones, que se han dado en escuelas, exposiciones, en el taller familiar y otros sitios y ocasiones, Celeste ha encontrado un aliciente, pero también una forma de incidir en la juventud, un sector de la población que en el país representa casi la cuarta parte del total, más de 30 millones de personas de entre 15 y 29 años, entre los más de 123 millones de habitantes en el territorio.

JOYAS NO VALORADAS

Que su ejemplo agrade, “se siente bien porque sabes que lo que estás haciendo le gusta a los demás”, cuenta Santiago Sosa, quien además ha visto cómo los llamados alebrijes son vistos como joyas por los jóvenes extranjeros, pero no tanto por los nacionales. “A veces que no nos damos cuenta que lo que tenemos en frente es algo maravilloso y no le damos el valor que se le tiene que dar, tienen que venir personas de otro lugar para que nos demos cuenta de ello”.

Su padre dice que ella, quien desde niña ha compartido y ha sabido guiar a niños de otros países y estados en este oficio, ha sido muy solicitada en las visitas al taller o en las peticiones para pláticas en escuelas. La ven “como una guía”, como alguien que a diferencia de los adultos entra “en la onda de los chavos”.

“Ella quiere transmitirle a los jóvenes que hay otras maneras de sacar esa energía que tiene, que como adolescentes a veces no saben canalizarlas. Ella les dice que a través de los colores, del arte, de la música, de la danza, la música y la pintura, se pueden distraer”, cuenta don Sergio.

UNA HERENCIA

La inclinación por el oficio familiar y del pueblo no es única de Celeste, pues su hermano, Sergio, también ha compaginado este con los estudios universitarios.

El tallado y pintado de madera es una herencia que el padre de ambos ha dejado casi sin querer en sus hijos, pues estos lo adoptaron como parte de su vida, sin ser presionados.

En Arrazola, donde se estima que al menos unas 80 familias se dedican a la realización de “alebrijes”, Celeste también ha encontrado una forma de generar ingresos para algunos de sus gustos, aunque lo económico no es su motivación principal. “No lo veo tanto como un trabajo”, explica quien ve el oficio como una oportunidad para compartir su saber con otras personas, como lo ha hecho en exposiciones o demostraciones, una de ellas en 2011, en Austin, Texas (Estados Unidos) y, sobre todo, para ser un referente entre la juventud.

“Que los jóvenes crean en ellos mismos y que sus papás los impulsen, que los apoyen para evitar los problemas como alcoholismo o adicciones”, señala quien ve en las nuevas generaciones a las que sigan con el rescate y difusión de sus tradiciones, “de una manera saludable y productiva”. Quien además está en vía de desarrollar su propia marca; Maderas y colores María Celeste, pide a los jóvenes “que confíen en ellos mismos y que plasmen lo que sienten”.