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AINDA DOBARRO Ahí estaba ya el Che Boludo, porque desde las siete empezaba a preparar sus hamburguesas dizque argentinas, y se quedaba hasta la una o dos de la mañana….

Che boludo | El Imparcial de Oaxaca

AINDA DOBARRO

Ahí estaba ya el Che Boludo, porque desde las siete empezaba a preparar sus hamburguesas dizque argentinas, y se quedaba hasta la una o dos de la mañana. Apenas le alcanzó para el enganche del carrito, así que todas las noches lo sacaba a la avenida y le pegaba una cartulina fosforescente con el menut.
—Préndete el otro foco ¿Cómo quieres que nos vea la clientela? —le decía a su esposa.
—Lo apago pa’ no gastar luz. Y aparte, ¿cuál clientela?
—Pos, los que viven en el fraccionamiento de enfrente.
—Uy, de aquí a que esos nos compren. Si son puros apretados, hasta pusieron su rejota.
—Tú prende el foco y ya verás.
Un auto azul metálico salió del fraccionamiento y pasó cerca del puesto. Desde el asiento, una adolescente de cabello largo y ondulado se quedó mirando al Che al mismo tiempo que escuchaba a su mamá:
—O sea… cómo odio estos changarros.
—Ya déjalos, ma ¿Qué daño te hacen?
—¡No, qué déjalos! Acorrientan el rumbo. Voy a hablar con el diputado Buendía.
—¿Quién?
—El de la casota del fondo. Con que él mueva sus influencias, los quitan porque los quitan.
Su madre siguió hablando hasta que llegaron a la fiesta.
— A las doce en punto, Fer.
—A la una…
—Ya dije.
De regreso a su casa, volvió a pasar frente al hamburguesero. “Lo peor”, pensó, “es que desde ahí ven cuando uno entra o sale, se enteran de todo”. Accionó el control remoto que abría la reja de su calle; desde que la pusieron se sentía más segura. Se estacionó y vio a los niños de la casa de enfrente.
—Ya métanse, Beto. No son horas de estar en la calle.
—Sí, doña Lore…
—¿Que no está tu mamá? No vayas a hacer una de las tuyas, ¿eh?
—No, doña Lore…—Beto tomó a Yoni por el hombro y le dijo en secreto—: Nomás que nos acabemos las brujas y las chinampinas, ¿va?
**********
Lorena entró a su casa y se recostó un rato, pero de tanto en tanto la sobresaltaba un ruido:
¡Ssshhhhpum!… Yoni contenía la respiración desde que encendían la mecha y se tapaba los oídos antes de que explotaran en el aire. Los perros ladraban y los niños se reían excitados.
—Si no dices nada, al rato te trueno uno de verdad. —Beto sacó una paloma—. Lo quemamos al rato en el terreno, ¿va?
—¡Cómprame una hamburguesa mientras, Beto! —dijo Yoni.
En el camino, se encontraron a Mr. Alex que, como todas las noches, había salido a hacer su ronda. Usaba boina, unos chacos en la mano derecha y la correa del dóberman en la izquierda.
—Hay que saludar a Thor —dijo Beto señalando al perro.
Mr. Alex hizo que el animal se sentara y les diera la pata.
—Ok, see you boys, pónganse listos. Si salen, cierren bien.
—Yes, mister.
Gudelia y el Che vieron a Beto abrir la puerta que estaba a un lado de la reja: quitó el candado, corrió el cerrojo y le dio tres vueltas a la llave.
—Hay que dejar emparejado —dijo Beto—. Al fin que no nos vamos a tardar.
—Pásenle güeritos. ¿Qué les damos? —dijo el Che.
—Una messi y una maradona para llevar. Con todo.
Corrieron de regreso al fraccionamiento. Rodearon la barda de los Buendía y se metieron por abajo de unos alambres de púas. En el terreno había mucha maleza y jugaban a esconderse entre las higuerillas. Bajaron hasta el escondite, ubicado detrás de unas rocas, y se comieron las hamburguesas mientras esperaban el momento de explotar la paloma, ya lista en una cazuela metálica “para que reviente chingón”.
**********
Cerca del Che, dos tipos se bajaron de una 4×4.
—¿Qué le preparamos, patrón?
—Dos mascheranos y unas chelas —dijo el de lentes oscuros.
—Nomás vendemos refresquitos don, no tenemos permiso…
—Refresquitos mis güevos. ¿Por qué no mandas a tu vieja a que las consiga?
Puso los brazos en jarra, dejando ver la fusca que cargaba bajo la chamarra. El otro no decía nada. El Che le hizo una seña a Gudelia para que se diera prisa.
Se empacaron las hamburguesas y los six. El de los lentes se aflojó el cinturón, pagó y se metieron a la camioneta. La encendió y la volvió a apagar.
—¿Cómo de que no lo encuentras? —dijo su compañero—. Es hora de hacer el relevo.
—Ya sé, son las chingaderas de esas puertas automáticas. Pero relájate, ahorita aparece o con suerte abre alguien. ¿No quieres una pasta? —Y se tomó una—. Ahora cuéntame, ése del perro, ¿quién es?
—Sólo sé que es periodista y que al Lic no le cae bien. Dice que es un gringo metiche.
**********
Lorena le escribió a Fer: “Ya estoy saliendo”.
Prendió la luz del zaguán y puso la alarma de la casa. Desde afuera, los guaruras la vieron meterse al coche y el compañero le dijo al chofer:
—Mira, güey.
—La vi, está rebuena.
—Eso no, pendejo. Aprovecha que va a abrir.
Lorena activó la reja eléctrica. Todavía no se había abierto por completo cuando vio una camioneta que entraba a toda prisa, directo hacia donde estaba ella. Se asustó, metió reversa; se oyó el chirrido cuando raspó el Toyota de su vecina. Con los nervios ya de punta, no lograba desatorar la defensa.
—Pinches viejas argüenderas— dijo el de lentes. Se bajó de la camioneta y avanzó hacia Lorena moviendo los brazos. Ella le echó las altas y vio la pistola. Entró en pánico. Giró el volante y volvió a dar marcha atrás, esta vez hasta el fondo de la calle con una mano pegándose al claxon, piiiiiiiii…
Los niños lo oyeron, pero la mecha ya estaba encendida.
El compañero guardó la camioneta en el estacionamiento de la casa del diputado y el de lentes se ocultó en el terreno de al lado. Mr. Alex, mientras tanto, alumbró a Lorena con una linterna y le hizo señas de que se callara. El Thor lo jalaba hacia el baldío. Entonces se oyó la primera detonación.
—A que nunca habías tronado una de éstas, pinche Yoni.
Luego los otros dos. Pum, pum. Y el aullido de los perros.
El Che apuró a Gudelia:
—Vámonos, se va a poner feo.
Lorena pasó frente a él rechinando llanta.
—¡No la friegues, ‘mano! ¡Quítate los lentes! —gritaba el compañero.
Cuando llegaron los municipales, encontraron a Beto en shock y a Mr. Alex en pie de guerra:
—¡No me toquen! ¡Mañana aquí tendrán a Derechos Humanos!
—Derechos mis güevos, cabrón —le dijo el guarura de lentes, asestándole un puñetazo.
**********
Pero bueno, ahí está otra vez el Che Boludo, con sus hamburguesas dizque argentinas. Ahora el puesto está por la peni y ya solo atiende doña Gudelia. No quiere gastar luz, así que no prende el radio y no oirá al diputado Buendía hablando de lo que pasó afuera de su casa en el fraccionamiento La Paz:
Agradezco la oportunidad de informar al auditorio que nuestro equipo de seguridad, con todo profesionalismo, interceptó una banda de plagiarios que operaba internacionalmente. Hasta el momento tenemos a dos implicados bajo custodia de la autoridad: un ex-militar norteamericano, el autor intelectual, y un argentino que se hacía pasar por vendedor de hamburguesas, su informante. Lo más lamentable fue la muerte del pequeño Yoni, un inocente que estaba en el lugar equivocado. Un abrazo solidario para su familia. Les prometo que se hará sentir todo el peso de la ley, caiga quien caiga. ¡Basta de injusticia y de impunidad!