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Arte y Cultura

La vuelta a la identidad cultural, al ADN

¿Cómo recobrar la integración cuando ésta se ha perdido en pro del turismo? Renata López Cristo propone una casa de barrio

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EL DATO

ADN Arte y Cultura nace el 31 de marzo de 2014, en callejón Boca del Monte, en el barrio del Carmen Alto, donde estuvo hasta 2016; febrero a diciembre de 2017 fue en Tinoco y Palacios, y a partir de este año en División Oriente 305. Sus cinco ejes de trabajo son: Casa del Barrio, 400 Voces, Pitào Pecàla, Teatro Indígena Urbano y Espacio Foro Escénico.

Ahora, en el Carmen Alto, hay que pedirle permiso a los extranjeros para ver si podemos utilizar un espacio público, el que usan para sus negocios. La que cuenta y ha pasado por esta situación, e incluso pagado 800 pesos al ayuntamiento capitalino (por uso de suelo), es Renata López Cristo. Ella es oriunda del barrio donde sobrevive el Mercado Sánchez Pascuas. Nació en la calle (Tinoco y Palacios) donde parieron a su padre, la misma que ha visto cambiar de residentes paulatinamente, como otras arterias aledañas al “Andador Turístico”, aquel que la semana pasada sirvió de locación para las grabaciones de una telenovela y que cada año, en temporada vacacional, es testigo del aglutinamiento de visitantes.

Pero Renata no está más ahí. Se ha llevado a ADN Arte y Cultura del Sureste a otra parte de la ciudad, a una vivienda como las de antes, “en las que crecimos cuando éramos niños”. Una casa de vecindad, en la que era fácil ubicar a un zapatero, una costurera u otra persona dedicada a un oficio.

División Oriente 305 es la tercera sede de la iniciativa que ella, junto con Ariana Barrera, Areli Huidobro y Kizzy Alejandra López fundaron el 31 de marzo de 2014. El callejón Boca del Monte fue la primera sede y luego —en 2017— un domicilio de la calle Tinoco y Palacios, muy cerca de un café y de un hostal.

A cuatro años de ADN, la actriz y directora de teatro sigue con la intención de promover la identidad cultural de Oaxaca, específicamente la de los barrios, pues ha visto cómo ésta se ha diluido mientras la ciudad es promovida turísticamente.

“Se ha ido despojando a la gente de su barrio, del barrio del centro; nos han ido sacando. En estas casas de vecindad, antes había oficios (…) y había una integración comunitaria; se nos ha ido despojando de esa integración fuertemente y paulatinamente. Entonces no nos damos cuenta de que ya no vivimos en nuestro barrio”.

Renata, quien se fue a estudiar a la Ciudad de México, se percató de este cambio hace unos años, a su regreso. Para ese tiempo, sólo le quedaba recordar su niñez, aquella en la que “cerrábamos Tinoco y Palacios y nos poníamos a jugar en la calle, con los vecinos del barrio”, cuando ante un problema de robo “salía todo el barrio” o en la celebración de la Samaritana todos los vecinos tenían sus puestos de aguas.

“Por ahí de los 60 todavía había una gaceta del barrio, que se hacía en Tinoco y Palacios (…). Desde que empezó el auge de atraer al turismo, ya no conocemos al de la esquina, y el de la esquina es un extranjero que compró esa casa muy económicamente y puso un hostal, un hotel, un restaurante o un bar, y las personas originarias ya no se atienden”.

Junto a su percepción de que la capital es una atracción turística, en la que no se procura al beneficio de la ciudadanía, Renata señala que es como “si no tuviéramos identidad cultural” o que ésta se subsana con la Guelaguetza. Por eso se propuso impulsar ADN Arte y Cultura del Sureste, una asociación civil que se ha desarrollado como casa del barrio, con talleres artísticos y culturales.

Y se logró, refiere, pues la asociación civil se ha ido consolidando con proyectos como el de Leyendas Encallejonadas (en 2015). Además porque junto al eje de casa del barrio tiene cuatro más. Uno es “400 Voces”, que aglutina proyectos de investigación y actividades que fomenten el resguardo del patrimonio oaxaqueño (tangible e intangible); otro es Pitào Pecàla, un equipo de investigación escénica conformado por Alejandro López (músico), Alejandra Pérez Santiago (bailarina y coreógrafa), Renata López Cristo (actriz y directora teatral) y Kizzy Alejandra López (historiadora).

Teatro Indígena Urbano es otro de los ejes de trabajo, en el cual se trabaja teatro bilingüe con un grupo de jóvenes y adultos indígenas urbanos. De esta área surgió la obra De cómo se borra la memoria. Finalmente, Espacio Foro Escénico es el eje que se ha propuesto difundir el arte escénico oaxaqueño, mediante funciones de danza, música y teatro.

Las líneas de trabajo que describe López Cristo no han sido fáciles de impulsar, pero se mantienen en su nueva sede, donde lo mismo se desarrollan talleres en áreas como música, teatro y danza que funciones de teatro, como la próxima a realizar sobre Monólogos de la vagina, o conciertos (el 23 de este mes, con el Ensamble Siete Machos y agrupaciones invitadas).

La labor ha sido ardua, considera, porque hay que replantearse qué es la identidad, “cuál es nuestra cultura, nuestro resguardo, nuestro patrimonio, tangible y sobre todo intangible, al que nadie le hace caso”. También porque ha sido pertinente poner un alto a la utilización de los oaxaqueños como una atracción turística, como si se tratara de: “vengan a ver al bonito indio que se mueve y baila”.