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Silvia María: quisiera agarrar a Oaxaca y tenerla aquí, dentro

Desde los cinco años de edad, la intérprete y promotora cultural sintió una conexión especial con la guitarra, su eterna compañera de vida. Al ver tocar a su abuela, Silvia María Zúñiga Arellanes aprendió a recrear la música con las cuerdas. Ella, la única entre sus hermanos que escogió este camino, dice que se irá a la tumba tocando

Oaxaca de Juárez, Oax.

Sonriente, con dos trenzas en el cabello y una voz afable, la intérprete Silvia María invita a pasar a su casa. Como quien mantiene la sencillez y no se deja influir por la fama, se dice sorprendida porque se le busque para una entrevista. Sin embargo, accede.

-¿Les ofrezco algo?, ¿un agua, un jugo?

Con la puerta abierta, es considerable el volumen de la música con que un grupo de vecinos se ejercitar. Pero tras cerrarla, no hay más ruidos que el que pudiera ocasionar algún vehículo por la calle. O el del celular que suena segundos antes de empezar la plática. La cantante se disculpa y toma la llamada. Pronto, vuelve y se sienta en el estudio, el único espacio donde -dice- hay buena luz. Al lado, un sofá en el que descansa junto a varias muñecas ataviadas con trajes regionales.

A Silvia María le encantan los textiles de Oaxaca, en realidad, todas las creaciones de los artesanos de la Costa, de Valles, de la Mixteca, de la Cañada, del Istmo, de la Sierra…

-Quisiera agarrar Oaxaca y tenerlo aquí, dentro; es una forma de amar a mi tierra.

Esta mañana, ha escogido un huipil de la Mixteca. La prenda resalta entre lo colorido de la habitación, donde abundan los reconocimientos, libros, artesanías, retratos, pero más artesanías, pues no hay rincón o mueble en donde no exista una parte de Oaxaca. Silvia María dice que la música y el canto vienen desde la cuna, y que una de las responsables de su vocación es su abuela paterna.

-Yo, desde los cinco años de edad estaba con mi abuela paterna, que me estaba enseñando la guitarra; a los seis años le dimos la sorpresa a mi papá, porque era un secreto entre ella y yo; primero a mi papá y luego a mi mamá.

Su primera presentación fue en una de las capillas de Ocotlán, a los seis años.

-Los niños, a esa edad, lo único que quieren es un juguete, yo lo único que quería era una guitarra, no me interesaba ningún juguete.

¿Su abuela se dedicó a la música?

-No, mi abuela era una persona maravillosa; era campesina, le gustaba llevarnos al campo, a los elotes. Yo adoraba a mi abuela, físicamente somos muy parecidas, hasta en la estatura.

A su ancestra, la evoca mientras toca sus trenzas, sonríe y amplía la mirada, como si los ojos se le iluminaran al hacerse de la imagen de aquella mujer que se sentaba sobre una piedra, que cruzaba la pierna, tomaba la guitarra, luego el cigarro que colocaba en una parte del instrumento y le decía: “te fijas cómo lo hago, te fijas bien”.

-Ella no era maestra, lo que quería es que yo aprendiera. Yo me apasionaba con la guitarra, la veía y lloraba de las ganas de tenerla en mis manos, de agarrarla, de sentirla.

Tan pronto aprendió algunos acordes, la abuela se dirigió con la mamá, quien se enojó muchísimo por lo hecho a sus espaldas, “pero al fin aceptó”.
De entre cinco hermanos, Silvia María explica que aunque dos aprendieron a tocar un instrumento, ninguno de ellos se dedicó a la música.

-La única que se dedicó a tocar soy yo y la que va a morir tocando soy yo.

A partir del apoyo de su madre, lo que viene después son experiencias que califica de maravillosas, primero con la gente de su pueblo, a través de la iglesia y de las fiestas de la comunidad, con los vecinos, la comadre, la tía, el tío… y en la cárcel de Ocotlán, “porque en ese museo que hizo Rodolfo Morales era una cárcel”.
Sin embargo, la vida en Ocotlán acaba y es tiempo de mudarse a Oaxaca, ciudad en la que comienza a estudiar y proyectarse como intérprete, en la XEAX.

-Me conocen y canto en muchos foros de acá, después me escuchan y me invitan a salir a los diferentes estados, a los municipios, distritos de Oaxaca y posteriormente a otros países.

Para ella, su trayectoria ha sido muy fructífera y ella un tanto privilegiada.

-Porque hay muchos artistas en Oaxaca, extraordinarios; hay muchísimas voces muy bonitas, nuevos formatos, pero creo que tengo una de las virtudes más grandes: que en todas las partes en donde he estado siempre he sido invitada, nunca he ido por mi propio pie.

Silvia María cuenta que el estar en tantos festivales, viajar, llevar el canto de Oaxaca a otras latitudes y demás experiencias tendrían que plasmarse en un libro escrito por ella misma.

-No soy una artista propiamente comercial, aunque como, pero más bien lo que me ha interesado es promover la música nuestra, no como trovera propiamente, sino de la manera cultural, música maravillosa que tenemos y que es desconocida en todo Oaxaca.

Su voz y su guitarra han dado vida a temas de varios compositores del estado, algunos poco conocidos, pero que invita a recordar.

-Están los hermanos García Pujol, el maestro Genaro Vásquez, don Juan Vasconcelos, la señora Octavia Díaz, el maestro Enrique Sandoval y otra pléyade de gente maravillosa que hizo música hermosísima y que yo en el 97 hice una recopilación de esta música. Creo que es algo maravilloso porque es la música que me gusta cantar cuando salgo del país, me encanta hablar de Oaxaca porque la llevo en la sangre.

¿Algunos temas preferidos?

-Todos los temas son muy bonitos. Hay un tema que me gusta que es de Tlaxiaco; cuando era niña, vivíamos en la calle Morelos y a la vuelta, en Tinoco y Palacios, vivía un señor al que le decían Pancho cocinas (Francisco García), un señor de todo mi respeto al que le encantaba el teatro y era un excelente pastelero. Vivían a la mitad de esa calle los hermanos Porras Mariscal, los que hicieron el primer grupo musical de rock: Los Beethoven’ s. Entonces yo iba a trovar con ellos en la puerta de su casa. El maestro me vio y me dijo que había escrito una canción y que el maestro Enrique Sandoval le había puesto música, ahí empieza la inquietud de hacer una serie de investigación. Es una canción que quiero mucho porque conocí a los dos compositores y tuvieron la paciencia para enseñarme la canción: Tlaxiaco.

Quien por varios años ha conjugado la música, el canto y la promoción cultural (pues fue fundadora de la Delegación de Culturas Populares de Puerto Escondido) piensa que “la radio ha olvidado difundir lo nuestro, porque parece que lo nuestro no es comercial y la verdad que sí lo es porque si usted lo escucha, sé que la va a querer grabar, yo sé que si hay un disco lo va a querer comprar”.

-Es una carrera muy fructífera (la de intérprete) y muchos compositores que di a conocer, como el señor Rosas Solaegui, hermano de la señora Arcelia Yañiz…

-Una amiga suya…

-Una amiga extraordinaria, a quien amo y sé que de alguna manera está junto a mí.

-Y de quien incluso musicalizó algunos de sus poemas…

-Musicalicé 17 de poemas de ella que tuvieron muchísimo éxito; de hecho, ya se terminó el disco y vamos a hacer una segunda edición porque fueron poemas que arroparon músicos extraordinarios: Héctor Díaz, Marco Morel, el maestro Rodrigo Duarte, Daniel Infanzón…

En el disco, titulado Ayer, hoy y siempre, Silvia María recuerda a su amiga, fallecida en 2014 y quien escribió los poemas Dicha, Así sobre tu pecho, Tócame el corazón y Quiéreme así, entre otros. En el estudio, a su izquierda, hay una foto en blanco y negro de 1982, de cuando estaba en Fonapas, como asistente de doña Arcelia Yañiz.

 

-Además de cantar lo de Oaxaca, usted ha comentado sobre la música latinoamericana.

-Es un género muy especial; cuando estuve en México estudiando medicina conocí a un músico que me llamó la atención: José de Molina; cantaba, pero era muy pesado, sentía agresión. Sin embargo, platicamos y me decía que por qué no cantaba esa música y yo le decía que no me gustaba porque eres muy agresivo y yo era más pausada. Entonces, tenía que conocer la situación histórica que se estaba viviendo en México, en Latinoamérica. Conozco a Atahualpa Yupanqui, en la UNAM. Me enamoré de esa música, así conozco a los Parra, Violeta Parra y sus hijos, a otros compositores extraordinarios. Empecé a hacer giras por toda la República llevando la música de contenido social.

-¿Cree que la música tenga un poder en la gente?

-Sí, por supuesto, la música es algo vivo, si estamos atravesando por una situación política o social fuerte una canción puede llegar a crear conciencia como también puede alebrestar a la gente y yo más bien estoy por el lado de crear conciencia, no soy alguien que esté a favor de la violencia. La música de contenido social la respeto porque los contenidos son profundos y de acuerdo con la idiosincrasia del pueblo al que se le está cantando. Cuando estuve haciendo este quehacer cultural, me invitaron por parte de la UABJO, me fui a representar Oaxaca a Alemania y me traje el premio Lenin. Después de ver a tantos cantantes extraordinarios que representaron a su país, se lo trajo esta mexicana (el 20 Festival Internacional de la Cultura y los Estudiantes Intercontinental, en 1973)

-Pero ha tenido otros reconocimientos…

-Muchísimos. Tengo uno por aquí que voy a mostrarles…

 

Se levanta de la silla de madera; da uno pasos hacia la pared y toma uno de los tantos galardones…

-Es un reconocimiento que me gusta muchísimo, no me gusta lo que me pusieron como Dama de la Paz porque no me siento dama, no me gusta la palabra dama, me gusta la palabra mujer. Siento que soy eso: una mujer, una mujer de paz, una mujer que siempre ha buscado que las relaciones se den intensas, pero que se den ciertas, y aportar todo lo que pueda.

-Dama y mujer, ¿qué es ser mujer y ser de Oaxaca?

-Es muy difícil lo que representa, pero lo que siento es un comportamiento digno, tener y vivir con dignidad, eso es ser mujer, vivir con la dignidad que merece un ser humano, pero sobre todo que una mujer no se vea lastimada, que no se deje lastimar, que en ningún momento se preste a lastimarse. Yo creo es que muy difícil llegar a ser mujer, y créame que aunque no me puedo expresar como quisiera en este momento me ha costado mucho trabajo y muchos años, pero me siento una mujer realizada como hija, como hermana, como esposa, como madre, como abuela, como vecina. Me siento bien, he cumplido en mi caminar.

-¿Qué le faltaría por hacer?

-Muchos proyectos

-¿Trabaja en alguno?

-Estoy trabajando en uno que se llama Ven, verás. Por supuesto que no es el proyecto como tal, no es mío; lo hice, pero soy promotora cultural dedicada a la investigación, de la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas, de la Secretaría de Cultura federal, y pretendo hacer muchísimas, cosas.
Por el momento, cuenta que está por terminar un libro de diagnóstico sociocultural del estado de Oaxaca y está ya por salir la segunda edición del libro Casilda la horchatera.

-Estoy haciendo un historial de músicos oaxaqueños, la monografía de Ocotlán de Morelos… muchas cosas porque no puedo estar en santa paz.

-Esa parte de la promoción cultural, de sus gustos por los textiles, las artesanías y demás que se pueden ver en su casa, ¿qué le dicen de este mosaico de Oaxaca?

-Soy una de esas oaxaqueñas de hueso colorado, quien hable mal de Oaxaca quién sabe cómo le va a ir conmigo. Amo mucho a Oaxaca, créame; me duele ahorita muchísimo porque recuerdo a Oaxaca cuando estaban mis papás, conocí muchas cosas de Oaxaca, entonces ese recuerdo de oler Oaxaca, de saborear Oaxaca, de vivir Oaxaca, de respirar Oaxaca… me duele que ahorita esté como está, en esa intransigencia, en esa violencia, en esa ingobernabilidad.

 

Como quien experimenta el dolor y la rabia, Silvia María dice no entender muchas cosas de política, pero sí de sentimientos:

-Estamos hartos, por lo menos con la gente que conozco; estamos hartos de esta violencia, de tanta maldad, de tanta promiscuidad que está sumiendo a Oaxaca, cuando es un estado maravilloso, un estado que amo porque tenemos 15 grupos originarios, más uno (el náhuatl) ?De qué hablamos?, de que nos da una riqueza muy grande, esplendorosa, una diversidad increíble, ¿no? Tenemos una orografía extraordinaria, tenemos todos los climas, entonces estos grupos indígenas nos permiten conocer esas historias, sus lenguas, sus formas de vida, sus sistemas de convivencia y sus textiles. Y yo no le llamo artesanía, para mí son maestros del arte popular, son cosas extraordinarias de Oaxaca, de muchos artesanos que les llamamos artesanos de mala fe, porque no son artesanos, realmente son maestros del arte popular.

 

Tras unos instantes, vuelve a sonreír.

-¿Ha pensado en cómo le gustaría ser recordada?

 

Una pausa que toma varios segundos. En una de las paredes, cuelga un retrato de la intérprete que una pintora ya fallecida le hizo en Minneapolis (Rafala, que murió hace un año). El cuadro se lo trajo cargando, así como otros recuerdos de tantos países.

-Me encantaría que toda la gente que me conoce, que de alguna manera me quiere, amara Oaxaca tanto como yo…
Las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas y entre sollozos recuerda su amor por Oaxaca, el dolor que le causa la situación

-Y si puedo hacer algo, lo haría con muchísimo gusto.

-¿Cómo podríamos ayudar?

-Organizándonos, enterándonos de lo que pasa, tener la disposición de amar Oaxaca y de comprometernos, creo que es la parte más difícil porque normalmente todos los grupos pelean por sus intereses, no por Oaxaca. Como oaxaqueña, hasta mi vida daría por mi tierra, porque así amo Oaxaca, México, todo mi país, pero ésta es la tierra en que me tocó nacer y es para mí el más extraordinario, no el más extraordinario de todo el país, porque todos los estados tienen cosas extraordinarias, pero Oaxaca ni siquiera lo conocemos y a mí me encantaría que alguien pudiera hacer el trabajo de dar a conocer Oaxaca a todos los oaxaqueños. No conocemos Oaxaca y por eso no la amamos.

Silvia María: quisiera agarrar a Oaxaca y tenerla aquí, dentro