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Arte y Cultura

Ventana Fotográfica: 1X300

La ventana saliente queda otra vez sola

Ventana Fotográfica: 1X300 | El Imparcial de Oaxaca
Ventana del IAGO. Oaxaca. Fotografía de Cecilia Salcedo Méndez.©

El sol es implacable. Los desprevenidos de afuera, los que no tienen elección, caminan pesadamente a las tres, a ras de las paredes; barren con sus hombros la cal y la pintura, tratando como puedan de protegerse bajo las sombras lineales de las angostas cornisas.

Para que no ardan sus pestañas, los que están adentro, mejor ni se asoman. Se columpian en los patios del fondo, bajo las frondas de las ceibas. Y cuando no las hay, se cubren el cuerpo con pétalos de buganvilla.

Hasta que llegan las seis remolcando las suelas y el viento empieza por fin a zarandear la tarde: tras enroscarse en el herraje, penetra discreto por doquier al interior y se propala con olor a pan dulce, a nieve de nuez o a raspado de tamarindo.

A veces ocurre que alcanza así al mismísimo maestro Toledo quien —respondiendo quizás al ritual vespertino de las antiguas ciudades coloniales de provincia— se acerca —siempre en compañía de sapos y cangrejos— y se acomoda en el amplio nicho de la ventana a contemplar los flamboyanes, los ciegos, las muchachas de ombligos tatuados, el limosnero, las vendedoras de chicles y de humo, los albañiles marchando a cuestas con su polvo, los descontentos de megáfonos y consignas, las carriolas vacías y los chamacos alrededor en la danza de los dulces. Luego, con los ojos llenos de los que caminan el atardecer, el maestro, junto con su tropel de sapos y cangrejos, se reincorpora y regresa adentro a sus aposentos, desapareciendo ahí donde miles de libros conspiran en silencio a su favor.

Y entonces, la ventana saliente queda otra vez sola, a merced de los guitarreos callejeros, de las nostalgias, de los quiotes, de los papalotes y más tarde, sin el sol de por medio, también de los murciélagos nocturnos.