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Arte y Cultura

“Parecen libros, tienen la forma de libro, pero ya no son libros”

El ilustrador Alejandro Magallanes reúne en su obra 100 volúmenes jamás leídos, y que en vez de terminar como pulpa de papel sobreviven como esculturas

  • “Parecen libros,  tienen la forma de libro, pero ya no son libros”
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“Un libro sobre libros cancelados que se volvieron nuevos libros, en una colección de dibujos que en realidad son fotografías. Es como la serpiente que se muerde la cola”. Para Alejandro Magallanes su nueva obra representa una paradoja porque en ella hay imágenes de 100 volúmenes publicados entre 1953 y 1971, y cuyo destino era la lectura. Pero se convirtieron en ejemplares sin lectores.

Antes de que terminaran como material para reciclaje, Magallanes decidió hacer de ese centenar igual número de esculturas; aunque primero los canceló, es decir, los cerró de tal forma que su contenido ya no se sabrá. Así, sumergidos en pintura blanca y con dibujos como si se tratara de un volumen a publicar, Alejandro creó la serie de Libros fósiles, exhibida en la exposición La delgada línea que divide el lado derecho del izquierdo, en la galería Myl Arte Contemporáneo, en la Ciudad de México.

Ahora, las fotografías de esos volúmenes que la escritora Verónica Gerber define como aquellos que “no podemos leer”, están en Libros fósiles, título publicado en la colección de dibujo de Almadía. El título, presentado este fin de semana en la ciudad de Oaxaca, tiene además de los de Gerber, textos de Selva Hernández. Y aunque pareciera contradictorio porque el quehacer de Magallanes ha sido ilustrar decenas de títulos para esta editorial, el suyo carece de este elemento.

No es que no pensara en una ilustración o se cansara de hacer lo que le gusta, dice el autor. Fue más bien dejar que cada lector hiciera su propia portada y hacer de ese ejemplar algo único.

-Uno de los textos que acompaña el libro es de Verónica Gerber, quien retoma la frase de no juzgar a un libro por su portada, ¿lo crees así?
-Justo Verónica es padre porque dice: realmente tú puedes admirar el objeto del libro tan solo por su portada, es decir, que a ti te puede gustar el objeto-libro solamente por la portada aunque no te guste el contenido, porque el libro es mucho más que le tema del que trata, el libro también es papel, es empastado, tiene tantos ejemplares, es raro, es común, tiene como muchas especificidades.

-Estos 100 libros que usaste muestran un trabajo en diseño y contenido, pero no se vendieron, lo que Gerber también nota paradójico, por tratarse de volúmenes sobre economía…
-Es muy interesante ver que estos libros fueron cancelados y yo pude tener en las manos y hojear todavía con sus contenidos originales. Son libros muy bonitos, eran libros interesantes… mi interés no está en los libros de economía, pero sin duda es tener libros bien hechos, que pasaron por un editor, por editoriales de distintos tipos, de distintos tipos de propuestas económicas y de distintos años, del 53 al 71, y no hubo quien los quisiera, y eran libros que ya se iban a destruir. Eso me hace pensar en quizá también mi trabajo, hacedor de libros, como diseñador gráfico, ¿qué puede ocurrirle a los libros que yo diseñe, de autores que son mis contemporáneos?. Va a ser interesante ver eso en un futuro

-En uno de los libros fósiles recurres a la leyenda “no leer”; es como pedirle a alguien que no piense en un elefante, ¿no te parece un reto y algo contradictorio en un contexto en que el nivel de lectura es bajo?
-Yo digo que una de las mejores tácticas para que lean los niños es decirles: no vayas a leer este libro, eh, porque los niños van a tener una curiosidad y lo van a leer; claro, si no están asustados. Pienso que la curiosidad no mata al gato, más bien lo ayuda a vivir.

-Con tu propuesta, quizá planteas que hay otras formas de lectura, no necesariamente a partir de la escritura, sino a partir de esquemas o dibujos, como lo hace Verónica Gerber en Conjunto vacío

-Sí, por ejemplo, cuando admiramos un cuadro, de alguna forma lo estamos leyendo, es decir, si pensamos en un cuadro del maestro Toledo, cuando lo vemos lo estamos leyendo o interpretando, o estamos despertando nuestros pensamientos a través de las imágenes que nos proponen. Lo mismo ocurre con estos objetos cancelados; es decir, parecen libros, tienen la forma de libro, pero ya no son libros; son esculturas, son tabiques o son simplemente la portada.

-Y en la cuestión de las cubiertas, que hace siglos eran solo pieles y luego se fueron personalizando, del esa preocupación por proteger hacia el interés por el diseño…
-Sí, claro, así ha evolucionado el propio objeto, es también curioso pensar que estos objetos, no los fósiles, sino los libros en sí, van a estar en una especie de mercado en que cada portada debe atraer al lector y a veces se hace por medio de la estridencia o el grito (…). Es muy interesante cómo va variando la portada, de ser una protección a ser la cara del libro, a ser el Facebook.

-¿Y no crees que así como pasó con los 100 libros fósiles, el libro llegue a ser un objeto de contemplación y esté en un museo ante la falta de lectores?
-Es probable. Estaba viendo el dato en Google Books de cuántos títulos se han escrito en el planeta y son muchos, y más o menos como uno plantea el tiempo de lectura que se tiene al día (…). Es impresionante saber que va a haber millones de libros que nadie va a leer y que quien los publicó pensó que sí iban a ser leídos. Es un poco trágico, pero así es.

-Eso sin contar con los que se han perdido, como los 700 incunables y manuscritos de la Biblioteca de Sarajevo, en 1992, y que no se van a recuperar
-Sí, es impresionante si pensamos que el libro por mucho tiempo fue el contenedor de las ideas (…) pensar que durante años era la posibilidad para distribuir el conocimiento, me parece increíble. Y como dices, que haya libros que jamás vamos a leer porque desaparecieron por las guerras o porque a nadie le interesó.

 

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