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Arte y Cultura

Ventana Fotográfica: 1X300

Hay cuerpos que uno nunca deja de venerar

Ventana Fotográfica: 1X300 | El Imparcial de Oaxaca
A la orilla del mar. Chacahua, Oaxaca, 1992. Fotografía de Alberto Ibáñez “El Negro” ©

Hay imágenes que nunca se borran, que permanecen intactas detrás de nuestras pupilas: a veces se mojan con alguna lágrima que se nos escapa por error o por nostalgia; otras, parecen incluso a punto de desvanecerse entre la espuma, impelidas por alguna ola caprichosa, pero finalmente se aferran, se sostienen firmes sobre sus codos y se asoman luego entre las pestañas para mimetizarse de espaldas en la orilla del mar.

Hay lugares que uno nunca abandona del todo. Lugares que se instalan debajo de nuestra piel o incluso, como arena, en la planta de los pies para irse con nosotros a donde quiera que vayamos. Aquí o allende. Y así ocurre que llevamos la tierra al agua, el agua al cielo y el cielo entero a nuestra boca. Y así ocurre que nos dejamos mojar, por dentro y por fuera.

Hay ausencias tan presentes en nosotros que, lejos de ser oquedades u hoyos negros donde nos perdemos, toman la forma de huellas que delatan las pisadas de nuestro estar. No son como las pisadas ligeras al andar, las que pasan sin apenas tocar el suelo, sin pararse, ni detenerse, sino como aquellas teclas de mecanografía, repetitivas y persistentes, que regresan una y otra vez al mismo punto, a la misma letra, la inicial de su nombre, hasta horadar el recuerdo y transformarse en una escara y a veces, cuando nos agarra de vuelta, otra vez, la nostalgia, en una escama de un ser lleno de sal brotado del mar.

Hay cuerpos que uno nunca deja de venerar porque esos cuerpos nos devuelven a los deseos primigenios, a los te quiero y a la arena de los castillos donde guardábamos antaño conchas marinas y nuestros sueños cristalinos.Entonces, tomamos la foto, la miramos en silencio y nos mordemos el labio inferior…