Carlomagno Pedro Martínez : Modelar el barro y la vida |
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Carlomagno Pedro Martínez : Modelar el barro y la vida

Carlomagno Pedro Martínez nació en el seno de una familia de alfareros de San Bartolo Coyotepec. En casi cuatro décadas, ha dado forma al barro negro y luchado por el reconocimiento del arte genuino de los pueblos. La creación del MEAPO, junto a otros aliados, es uno de los logros, pero cuenta que aún falta atender varias necesidades del sector artesanal

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A la edad de cuatro años, cuando su hermana iba a nacer, Carlomagno caminó desde San Bartolo Coyotepec hasta Zaachila. Junto a su madre, aquel pequeño que comenzaba a moldear figuras con el barro, demostró una fuerza y tenacidad que lo llevarían a ser reconocido en 2014 con el Premio Nacional de Ciencias y Artes.

La anécdota se la recordaría su madre, Cecilia Martínez, durante la premiación en aquel año, el 2 de diciembre, al decirle que si había logrado llegar a aquel poblado cómo no conseguiría ese galardón; después, aquella mujer ataviada con un huipil de Yalálag le daría un beso en la frente. En tanto, su padre, Eleazar Pedro, le diría que sus logros significaban todo lo que él quiso ser de joven.

Esos recuerdos, los comparte luego de 37 años de trayectoria y mientras accede a compartir sus proyectos, opiniones y logros, en medio de piezas de barro negro, de obras hechas en madera por artesanos oaxaqueños y teniendo como sala de entrevista un pequeño comedor con sillas de maderas y palma tejida.

Ahí, en una de las salas del recién remodelado Museo Estatal de Arte Popular Oaxaca, permite adentrarnos en su vida.

En sus casi 40 años de trabajo, ¿ha buscado alguna vez el éxito?

El éxito ha venido sin pretensión de buscarlo. Alguien una vez me dijo que si tenía conciencia de lo importante que era yo en el arte de Oaxaca y de México, y le dije que si no me lo preguntaba ni cuenta me daba.

¿Y qué le significa el éxito?

El éxito, como decía don Andrés Henestrosa es andar gastando alegremente mi pobreza, esa es mi riqueza. Soy un ciudadano igual que todos, me cobran cooperaciones, me abuchean en asambleas como a cualquier persona y ahí está. Lo que me da mucho gusto en el sector cultural de Oaxaca es que me he ganado el respeto; cuánto gusto me da con los maestros artistas de Oaxaca, los pintores, el medio intelectual y periodistas que me dan siempre mi lugar y eso es importante.

Carlomagno Pedro Martínez es originario de San Bartolo Coyotepec, una comunidad de los Valles Centrales de Oaxaca y ubicada a poco menos de media hora de la capital del estado. Su pueblo se caracteriza por la elaboración de artesanías en barro negro, por su lengua zapoteca y el chone, una bebida de cacao que se da en ocasiones específicas: cuando se vela a los difuntos o en la festividad de San Pedro.

Nacido en el año 1965, en el seno de una familia de alfareros, y teniendo como padres a Cecilia Martínez y Eleazar Pedro, aprendió desde pequeño a dar forma y vida al barro negro. Y aunque ya no habla el zapoteco, como los hacían sus abuelos, se dice consciente de la raíz indígena que trae.

Con varias décadas de trayectoria, como artista y gestor cultural, se acerca ya a los 40 años de labor en Oaxaca. Sobre sus inicios, dice que tuvo la suerte de tener, en el año 1980, una exposición colectiva en San Francisco, California, a los 15 años de edad.

“A partir de ahí, después de mi ingreso al Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo en la primera generación, en el año 82, estuve bajo el mando del gran maestro Roberto Donis, el creador del taller. Prácticamente, desde entonces hasta ahorita siempre he estado inmerso en el ambiente cultural de Oaxaca”, recuerda.

Proviene de una familia que se ha dedicado a crear a partir del barro, ¿alguna vez pensó que se dedicaría a otra cosa?

Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo y mi tatarabuelo trabajaron el barro negro y ahí es donde tomo la inspiración. Después de tener la instrucción como maestro en artes plásticas, decido quedarme en el material artístico de San Bartolo Coyotepec, el barro negro, y a través de los años he seguido expresando mi inquietud creativa a través del barro. Primero quería ser militar y después abogado, pero cuando me iba a inscribir en la preparatoria para ser abogado en la Universidad Benito Juárez de Oaxaca, se me atravesó, por cuestión de suerte o destino, el maestro Roberto Donis y me invitó a pertenecer al Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo y a partir de ahí me di cuenta que esto era mi vida, mi pasión, mi futuro.

En su obra, es constante el tema de la muerte

Desde hace décadas me he dedicado a proyectar esa cuestión cultural que es la representación de la muerte en el contexto histórico, cultural y social de los mexicanos. Me da mucho gusto hacer mi trabajo sobre la muerte, todo el tiempo le da una esencia, una elegancia, una carga importantísima y cultural a mi trabajo. Me presenta en cualquier parte del mundo e inmediatamente me identifican como mexicano; y el color negro, es importante en esta cuestión y no se diga de la materia y la técnica.

Carlomagno Pedro es director del Museo Estatal de Arte Popular Oaxaca (MEAPO), ubicado en San Bartolo Coyotepec. Sin embargo, a la par de su labor administrativa y de gestión, trabaja en proyectos personales, para lo cual dedica parte de la noche y la madrugada, pues como confiesa, es una persona hiperactiva y necesita hacer algo más. También, para estar presente en el arte, pues como todo médico o profesionista, si no se actualiza, dice que quedará en el olvido.

Ahorita estoy haciendo el proyecto El Hueso, es una pieza de barro que es un hueso, con unos esqueletitos lamiéndolo, y son cinco, y cinco perritos que son como los políticos y los aspirantes que están cada seis años en esa cuestión.

Observa a su alrededor y reflexiona un momento; tras una pausa cambia el número:

Seis y seis voy a hacer, porque son los partidos políticos y es el sexenio. Además, es una manera de proyectar mis emociones, un pretexto.

En el museo, están dos de sus obras de gran formato. Una llamada Apología de la Conquista y que pertenece a la colección del recinto. La otra es más reciente; titulada Todos los caminos llevan a Coyotepec es una experimentación con piel de buey, barro negro y metal.

Además del barro, ha experimentado en otras artes, como la pintura, aunque no es algo muy difundido…

Hago gráfica; en los años 90 hice unos grabados con Fernando Sandoval y fueron un éxito, pero me ha gustado tanto el barro negro. Ahora estoy en el inter de intervenir joyas de plata —no tengo la suerte de hacer filigrana— y eso me ha llenado ese lado de experimentar.

Sobre la pintura, cuenta que para una inauguración el difunto artista Juan Alcázar le dijo que no quería cerámica, sino un cuadro.

Hice un acrílico y se vendió el día de la inauguración, pero a lo mejor se me dé una temporada de pintar, de hacer gráfica, escultura… no sé, uno siempre está ávido de crear cosas.

En su labor como artista, alfarero y al frente del MEAPO, ha percibido de cerca las problemáticas a las que se enfrentan los artesanos, ¿Cómo percibe el panorama?

Vengo de una familia de artesanos, de alfareros, y no puedo estar no al tanto de estas situaciones que se dan. Siento que en Oaxaca ha faltado una visión para la proyección, difusión y comercio de las artesanías del arte popular. Veo con gran tristeza que no se ha establecido una representación real en la Cámara Local de diputados, una diputación que se encargue, no de simulación, sino real para representar a este sector tan importante. Son casi 60 mil personas registradas en el Instituto Oaxaqueño de las Artesanías y es un sector fuertísimo que se necesita proyectar.

Aunque varios artesanos y artesanas están presentes en certámenes diversos, como el Premio de la Cerámica, en San Pedro Tlaquepaque, en las Manos Mágicas de México, en los Grandes Maestros del Arte Popular Mexicano y muchos más, cuestiona por qué en Oaxaca hay “una feria mal organizada en los tiempos de ventas”.

Yo creo que ya debe haber una proyección real del potencial que tiene el estado de Oaxaca en la creación de artesanías, del arte genuino de Oaxaca. Ahí (en el instituto) debe haber una gente consciente, que no nos tome como los suvenires de Oaxaca, sino que vea que es una industria cultural.

¿Cómo se les podría apoyar a los artesanos?

Debe de dársele la proyección y hasta, dejando de lado el Seguro Popular, las atenciones médicas. Los artesanos necesitan lentes, ver de su diabetes, de seguros de vida, hasta de casas, de tallercitos. He visto programas en Sedesol, en las secretarías, que se pueden bajar estos recursos, pero no ha habido una visión, que en el instituto se ponga un departamento donde ayuden a los artesanos a bajar esos proyectos federales. Hay dinero en México, pero no ha habido una visión para aplicarlos.

Pero los artesanos enfrentan también otros problemas, como el plagio, en el caso de los textiles…

Con esta cuestión de la globalización, de las redes sociales, se dan los plagios y estamos indefensos. Estuve en un congreso en enero pasado en Guatemala, con los maestros del arte popular iberoamericano y hablaban de eso. Es complicado, creo que aquí lo que se debe hacer es como lo que han hecho en las velas, donde hay un comité que no deja entrar a quienes lleven la blusa estampada, sino la original. Ahí está la decisión de uno mismo, de empezar a defender lo propio.

¿Pero, quién está en la Cámara de diputados atendiendo esta situación de las artesanías? Se pregunta Carlomagno, a la vez de señalar que desde ahí se debe empezar, desde las leyes.

Creo que se debe hacer una campaña por la concentración de la valorización, el rescate y la defensa del patrimonio material e inmaterial que tenemos a través de nuestro trabajo.

El museo que dirige en San Bartolo, resulta de ese acercamiento con los artesanos, pero para ello, hubo muchas situaciones que atravesar, las primeras de origen personal y ligadas a sus logros, como el Premio Nacional de la Juventud, en el campo de Artes y Tradiciones Populares, que recibió en 1987.

Esos estímulos que dan los mexicanos a sus ciudadanos es lo que marca la pauta por la preocupación de lo propio. Andaba muy fascinado, tenía 23 años y me di cuenta de la importancia que tenía este premio, me empiezan a llegar las invitaciones y una de las formales que tengo, porque tuve una beca de la Embajada Norteamericana para conocer museo y galerías en Estados Unidos.

En ese mismo año, Carlomagno es invitado por el Museo Mexicano de Chicago, un proyecto donde la mayoría eran mexicoamericanos y norteamericanos preocupados por la conservación del arte de origen mexicano (en el año 1989). Ahí, queda impactado por el proyecto.

En el año 1989 viajo a San Francisco y en el 90 me hacen una exposición en la galería de la Raza, 15 años después de la colectiva. Y veo con mucho asombro la preocupación de la gente de origen mexicano en San Francisco por conservar, difundir las expresiones mexicanas y mexicoamericanas y me doy cuenta que hay una similitud en los mexicanos de esa cuestión de identidad; ellos con su raíz mexicana y nosotros con la indígena.

¿Entonces, así empieza la idea del museo?

Eso me motiva a empezar en aquellos años, el 90, 92, el proyecto del museo del barro negro. Fuimos un colectivo que buscábamos la proyección del arte popular oaxaqueño. En ese tiempo estaban promoviendo lo del Jardín Etnobotánico y queríamos ver la manera de si era posible montarlo ahí, pero no teníamos la influencia ni el peso para que nos hicieran caso. Y uno tiene que voltear sus ojos al radio de acción y aquí en San Bartolo, yo era un joven de 25 años, me junté con otros jóvenes: Efrén Gómez León, Daniel Salas, Carlos Moreno, Abelardo López, Gustavo Sosa, todos ellos estuvimos promoviendo y logramos que el presidente municipal, Erasmo Calderón Celaya, lo pase a asamblea y sea aprobado que aquí se hiciera el Museo Municipal de San Bartolo Coyotepec.

Así, el 21 de junio de 1996 abre el museo. Años más tarde, es cedido en comodato al entonces Instituto Oaxaqueño de las Culturas y finalmente se llega a un acuerdo para establecer el Museo de Arte Popular Oaxaca, que inicialmente iba a ser el Museo de Culturas Populares.

El recinto actual, abre sus puertas el 2 de octubre del 2004.

¿Cree que se ha logrado un impacto para artesanos y sociedad para revalorar?

Con seguridad puedo decir que tenemos una trayectoria de 13 años de estar ya como MEAPO y el sector artesanal sabe que hay un espacio que se proyecta con exposiciones. Lo que hace falta es que haya una partida presupuestal para operar como tal, una partida anual que debería de ser de 5 a 6 millones de pesos para hacer catálogos, exposiciones, videos de la naturaleza que se merecen Oaxaca y los artistas populares.

En Oaxaca, ¿quién o quiénes hacen y deberían cuidar la cultura?

Nosotros, toda la sociedad la hacemos, somos como un colectivo. Somos los encargados de conservar, cultivar, promover y difundir la cultura propia, porque hacemos cultura hasta al desenvolvernos en la calle.

Se ha hablado sobre las diferencias entre artistas-artesanos, ¿percibe tales diferencias o cómo los considera?

Lo advierto, lo respiro y es importante recalcar que en Oaxaca y México hay esa reticencia o siempre separar una cosa de la otra. Me he dado cuenta que es como las clases sociales; en realidad, todos somos humanos, todos tenemos las mismas características y como artista, artesano o artista popular, creo que somos humanos y la expresión cultural, la historia y el tiempo nos han de juzgar y eso nos pone en nuestro sitio porque muchas veces dicen que un artesano es alguien que no está preparado, pero ahora —con casi 40 años en eso— veo que también hay artistas plásticos que no están preparados y por usar un material que vino de Europa u otras regiones le dan ese estatus, esa formalidad que muchas veces no la alcanza, y su trayectoria define un mercadeo de coleccionistas. Creo que la particularidad de un artista, llámese artesano o del arte popular o de las bellas artes está en su concepción, en su preparación y en su proyección como intelectual del mundo, es un ciudadano del mundo que tiene cierta percepción diferente a la de la demás gente y de ahí viene la proyección real de su trabajo.

Y usted ¿cómo se percibe?

Como un creador, como una persona que está consciente de dónde viene, en dónde está y para dónde va, pero soy un creador porque mi trabajo ya no es a la casualidad, siempre lleva un mensaje y ese mensaje regularmente es una alegoría, una preocupación y una manifestación de la raíz cultural tan fuerte que tenemos nosotros, la gente de Oaxaca, los mexicanos. Hay tanto qué decir de ese glorioso pasado, de este presente tan complicado que tenemos porque en realidad teniendo esa raíz tan fuerte creo que hemos estado desperdiciando el tiempo en cuestiones políticas y económicas.